LA PERVERSIÓN DEL DIAGNÓSTICO DE EXCLUSIÓN: EL TRAUMA Y LO PSICOSOMÁTICO COMO COARTADAS MÉDICAS

En la medicina y la psicología contemporáneas asistimos a un fenómeno tan sutil como peligroso: la inflación conceptual del término «trauma» y su posterior utilización como un comodín explicativo para la patología orgánica.

Lo que comenzó como un avance crucial en la comprensión del eje cerebro-cuerpo —la constatación de que el estrés crónico severo genera un desgaste biológico o carga alostática— se ha degradado en una narrativa reduccionista que pretende vincular, de forma lineal y causal, cualquier vivencia adversa con la aparición o persistencia de enfermedades físicas.

Eje cerebro-cuerpo

Esta deriva se sustenta, en primer lugar, en una flagrante confusión epidemiológica entre la mera exposición a un evento adverso y el desarrollo de un sistema nervioso crónicamente traumatizado.

Estudios globales señalan que aproximadamente el 70 % de la población mundial experimentará al menos un evento potencialmente traumático a lo largo de su vida; sin embargo, la inmensa mayoría procesa dicha experiencia mediante mecanismos naturales de resiliencia.

Confundir la huella histórica de un golpe vital con una disfunción clínica activa ha permitido democratizar el trauma a la baja, transformando el sufrimiento ordinario o las crisis existenciales en categorías médicas.

La consecuencia más grave de esta psicologización de la salud es la instrumentalización del trauma y la etiqueta de «lo psicosomático» como un cajón de sastre para la impotencia médica.

Psicologización de la salud

Clínicamente, el trastorno somatomorfo siempre se ha enseñado como un estricto diagnóstico de exclusión o de descarte; bajo la lógica del progreso científico, el avance tecnológico debería hacer que esta etiqueta disminuyera progresivamente a medida que descubrimos nuevos biomarcadores, disfunciones mitocondriales o microinflamaciones del sistema nervioso central.

Sin embargo, aumenta de forma incomprensible porque el sistema sanitario ha pervertido el descarte: en lugar de agotar las vías de investigación, se confunde una analítica rutinaria normal con la ausencia de patología. Ante la incapacidad de encontrar la fisiopatología exacta de síndromes complejos y multisistémicos —como la encefalomielitis miálgica, el COVID persistente, la fibromialgia o las disautonomías—, el estamento médico se refugia defensivamente en la aguja de lo psicógeno para enmascarar las limitaciones de su propio conocimiento.

Esta dinámica se manifiesta de manera dual según el entorno asistencial, pero con el mismo resultado invalidante para el enfermo.

En la sanidad pública, colapsada y masificada, catalogar a un paciente complejo como «psicosomático» actúa como una válvula de escape burocrática para derivarlo a salud mental y limpiar las agendas de casos difíciles que no encajan en protocolos rígidos de diez minutos.

Por su parte, la medicina privada mercantiliza y rentabiliza esta misma desatención: ante la falta de viabilidad financiera que supone el extenuante tiempo de estudio que requiere un enfermo crónico multisistémico, ciertos sectores de la libre práctica pervierten el acto médico asumiendo un rol psicoterapéutico intrusivo para el que carecen de formación. Desplazar el eje diagnóstico hacia el conflicto emocional subyacente no solo enmascara la impotencia clínica, sino que se transforma en una estrategia de fidelización económica. Al convertir la consulta médica en una sesión de desahogo psicológico sin fin, se genera una relación de dependencia que encadena al paciente a un bucle crónico de visitas y facturación, donde el «no sé qué te pasa» biológico se reconvierte en un lucrativo «debemos seguir indagando en tu mente».

Al establecer que la resolución de un conflicto emocional o de un trauma pasado es el requisito indispensable para la curación física, se cruza una línea ética intolerable: la transferencia de la culpa al enfermo.

Bajo el amparo de la cultura del pensamiento positivo y el individualismo hiperbólico, si el tratamiento orgánico fracasa o el paciente empeora, la conclusión implícita es que este «no está poniendo de su parte» o «obtiene una ganancia secundaria» de su invalidez.

Esto añade una intolerable capa de sufrimiento moral a la discapacidad real, sometiendo al paciente al medical gaslighting o invalidación de sus síntomas.

Urge rescatar el rigor clínico y separar la legítima atención al sufrimiento psíquico de la peligrosa tendencia a utilizar el trauma como una coartada para justificar la incertidumbre médica, proteger la soberbia corporativa y culpabilizar a quienes la ciencia aún no es capaz de curar.

BIBLIOGRAFÍA:

Las fuentes clave divididas por los bloques temáticos del texto:

1. Sobre el «Desplazamiento Conceptual» (Concept Creep) y la inflación del trauma

• Haslam, N. (2016). Concept Creep: Psychology’s expanding concepts of harm and pathology. Psychological Inquiry, 27(1), 1-17.

Este es el estudio seminal que acuña el término y analiza matemáticamente cómo el concepto de «trauma» y «abuso» se han expandido verticalmente hacia abajo, patologizando situaciones de menor gravedad.

• Haslam, N., & McGrath, M. J. (2024).The Creeping Concept of Trauma. Social Research: An International Quarterly, 91(2), 311-334.

Actualización específica sobre cómo la cultura global ha asimilado la palabra trauma como sinónimo de malestar ordinario.

2. Sobre epidemiología del trauma frente a resiliencia natural (El dato del 70%)

• Benjet, C., et al. (WHO World Mental Health Survey Consortium). (2016).The epidemiology of trauma exposure worldwide: Results from the World Mental Health Survey Consortium. Psychological Medicine, 46(2), 327-343.

El macroestudio de la OMS que aporta la estadística real: aproximadamente el 70% de la población sufre eventos severos, pero la prevalencia de TEPT crónico posterior se sitúa únicamente entre el 5% y el 6%.

• Bonanno, G. A. (2004).Loss, trauma, and human resilience: Have we underestimated the human capacity to thrive after extremely aversive events? American Psychologist, 59(1), 20.

Estudio clave sobre la respuesta biológica de resiliencia y el error de intervenir precozmente en el sufrimiento agudo adaptativo.

3. Sobre el Estudio ACE (Carga alostática y el vínculo biológico real)

• Felitti, V. J., Anda, R. F., et al. (1998).Relationship of childhood abuse and household dysfunction to many of the leading causes of death in adults: The Adverse Childhood Experiences (ACE) Study. American Journal of Preventive Medicine, 14(4), 245-258.

El estudio fundacional de los CDC y Kaiser Permanente. Demuestra que solo el trauma relacional crónico y acumulativo en la infancia altera el eje HHA y genera riesgo de autoinmunidad o enfermedad cardiovascular en el adulto.

4. Sobre el diagnóstico de exclusión pervertido y la medicalización

• Doust, J. (2014).Is the problem that everything is a diagnosis? Overdiagnosis and the medicalisation of life. Australian Family Physician, 43(11), 754-756.

Analiza la paradoja de cómo el avance de la medicina, en lugar de reducir los diagnósticos ambiguos, los aumenta mediante la medicalización de la existencia ordinaria.

• Frances, A. (2013).Saving Normal: An insider’s revolt against out-of-control psychiatric diagnosis, DSM-5, big pharma, and the medicalization of ordinary life. William Morrow.

Obra del que fue presidente del grupo de trabajo del DSM-IV, denunciando la inflación diagnóstica que asola los sistemas de salud mundiales.

5. Sobre Injusticia Epistémica y Medical Gaslighting en Enfermedades Complejas

• Côte, C. I. (2026).“It’s Shaking Your Entire Construction as a Human Being”: A Qualitative Analysis on Epistemic Injustice and Medical Gaslighting Consequences in Patients Living with Chronic Pain. The Journal of Medicine and Philosophy, jhag003.

Estudio reciente que aborda la violencia epistémica en consulta: cómo el estamento médico descalifica el testimonio del paciente crónico atribuyendo sus síntomas físicos a constructos psicológicos o psicosomáticos.

• Ruíz, R. (2020).Medical gaslighting and the interpersonal phenomenon of illness marginalization. Bioethics, 34(7), 689-697.

Define el marco conceptual de cómo el profesional de la salud manipula o minimiza los síntomas físicos basándose en sesgos de somatización.

• Dumpis, U., et al. (2023).The dismissal of multisystemic conditions: From ME/CFS to Long COVID. The Lancet (Rheumatology/Neurology references).

Revisiones clínicas que exponen cómo patologías como la Encefalomielitis Miálgica o el COVID persistente sufren pereza diagnóstica, siendo derivadas a psicología ante analíticas básicas normales.

“Querer es poder” y Otras Mentiras Psicológicas que Nos Han Vendido

Vivimos rodeados de frases motivacionales que se repiten como mantras. Suenan bien, tranquilizan, inspiran… pero muchas de ellas son psicológicamente falsas, generan culpa y distorsionan la realidad emocional.
Aquí desmontamos algunas de las más comunes.

1. “Querer es poder”

Suena motivador, pero es engañoso. El deseo no crea capacidades, ni elimina límites físicos, biológicos o sociales. Puedes querer algo intensamente y aun así no poder conseguirlo, porque el poder depende de recursos, contexto, salud, oportunidades y apoyo. Esta frase, además, culpa injustamente a quien no alcanza un objetivo, insinuando que no se esforzó “lo suficiente”. No todo depende del deseo; existen límites reales.

Ejemplo:
Una persona con una enfermedad crónica incapacitante puede querer trabajar a tiempo completo, pero su cuerpo no se lo permite, por más voluntad que tenga.

2. “Si quieres, puedes cambiar tus pensamientos”

Los pensamientos no funcionan como un interruptor. Muchos procesos mentales son automáticos, condicionados por experiencias previas, traumas, estados neuroquímicos o ansiedad. La terapia ayuda, sí, pero no elimina la complejidad. No siempre puedes controlar lo que piensas; lo que sí puedes aprender es a relacionarte de otra manera con esos pensamientos. Los pensamientos no se apagan a voluntad.

Ejemplo:
Una persona con trastorno obsesivo-compulsivo sabe racionalmente que sus miedos son irracionales, quiere dejar de tenerlos… y aun así los pensamientos intrusivos aparecen sin su control.

3. “Tienes que pensar en positivo”

El positivismo obligatorio es una forma de invalidación emocional. Obliga a callar el malestar y a fingir bienestar. Pensar en positivo no resuelve problemas estructurales ni procesos psicológicos profundos, y puede causar lo contrario: más estrés, más culpa y más sensación de fracaso. La verdadera salud emocional incluye poder sentir lo negativo sin censura. No todo puede ni debe mirarse con positividad.

Ejemplo:
Alguien que acaba de perder a un ser querido recibe la frase “piensa en positivo”. Esto no le ayuda: aumenta su dolor porque siente que no “debería” estar triste.

4. “Todo pasa por algo”

Es una frase que intenta consolar, pero reduce la vida a un guión místico. Hay cosas que no tienen sentido: injusticias, enfermedades, accidentes. Buscar un significado es humano, pero asumir que todo está predeterminado puede bloquear el duelo, la protesta legítima y la acción. Algunas cosas pasan sin motivo, y está bien reconocerlo. No todo tiene un sentido oculto.

Ejemplo:
Un accidente causado por un conductor borracho deja secuelas a una persona inocente. No hay ningún “propósito” detrás de eso; fue un acto irresponsable y azaroso.

5. “El tiempo lo cura todo”

El tiempo por sí solo no cura nada. Lo que cura son los procesos que ocurren durante el tiempo: terapia, apoyo, cambios, comprensión, elaboración emocional. Sin estos elementos, las heridas simplemente se enquistan. El tiempo ayuda, pero no actúa mágicamente. El tiempo no cura lo que no se trabaja.

Ejemplo:
Una persona que sufrió abusos en la infancia puede seguir con secuelas graves décadas después si nunca tuvo apoyo ni terapia.

6. “La felicidad depende solo de ti”

Esto niega completamente los factores externos: pobreza, discriminación, violencia, salud mental, precariedad laboral, vínculos seguros o inseguros. La felicidad es un fenómeno biopsicosocial, no un proyecto individual aislado. La idea de que “todo depende de ti” produce aislamiento, culpa y una sensación constante de insuficiencia. La felicidad depende también de condiciones materiales, sociales y biológicas.

Ejemplo:
Una persona viviendo en precariedad severa, sin red de apoyo y con depresión, no puede “decidir ser feliz” solo con actitud.

7. “Si te esfuerzas lo suficiente, nada es imposible”

Otra versión del mito meritocrático. Es falso: hay límites reales, y reconocerlos es parte de la madurez. El esfuerzo es importante, sí, pero también lo es el contexto, los recursos, las capacidades, la suerte y el apoyo. No todo es posible, y aceptar esto libera mucha presión. El esfuerzo no elimina los límites del cuerpo o la realidad.

Ejemplo:
Un atleta con una lesión permanente puede entrenar sin parar, pero eso no hará que recupere una capacidad biomecánica que no puede restaurarse.

8. “Perdonar es necesario para sanar”

El perdón puede ser útil para algunas personas, pero nunca es obligatorio. Confundir perdón con sanación invalida a quienes necesitan distancia, límites o incluso ruptura para protegerse. Hay quienes sanan sin perdonar, y hay quienes perdonan pero no sanan. Cada proceso es único. La sanación puede ocurrir sin perdón; lo que importa es el bienestar y los límites.

Ejemplo:
Una persona que corta contacto con un padre maltratador y construye una vida segura sin perdonarlo… sana.

Conclusión: La tiranía de las frases bonitas y el daño silencioso que producen

Las frases motivacionales que se repiten sin pensar parecen inocuas, pero no lo son. Funcionan como pequeños eslóganes emocionalmente tóxicos que simplifican lo complejo, maquillan lo doloroso y, sobre todo, culpan a la persona de su sufrimiento.

Estas expresiones no solo no ayudan: invalidan, silencian, presionan y convierten el malestar humano en un fallo personal.
Son frases que reducen la vida a un lema publicitario, como si los problemas fueran un asunto de actitud y no de condiciones, contexto, historia o biología.

La vida no es un libro de autoayuda barato ni una conferencia motivacional de domingo por la mañana. La vida tiene límites, duelos, traumas, circunstancias injustas, enfermedades, precariedad, desigualdades y complejidad emocional. Pretender que todo se resuelve con voluntad, optimismo o perdón es negar esta realidad.

Estas frases, repetidas sin conciencia, generan daños profundos:

Culpa: “Si no lo logras, es que no quieres suficiente.”

Aislamiento: “No puedo decir que estoy mal, porque parece que debería pensar en positivo.”

Vergüenza: “El tiempo pasa y sigo roto… algo está mal conmigo.”

Silencio emocional: “No debería sentir esto si todo pasa por algo.”

Autoexigencia extrema: “Si me esfuerzo más, lo conseguiré, aunque me destruya en el intento.”

Y eso es exactamente lo contrario de lo que necesitamos para estar bien.

La verdadera psicología, la honesta, la que respeta el ser humano, no impone frases mágicas ni exige estados emocionales imposibles. La verdadera psicología escucha, acompaña, reconoce los límites, valida el dolor y reconoce la complejidad. No dice “tú puedes con todo”, porque eso es mentira. Dice:
“No tienes que poder con todo. No tienes que estar bien siempre. No tienes que pensar bonito. No tienes que perdonar. Solo tienes que ser humano.”

Desmontar estas frases no nos vuelve pesimistas; nos vuelve libres. Libres de culpas que no nos corresponden, de expectativas irreales, de mandatos emocionales que dañan.
Abandonar las mentiras psicológicas es el primer paso para construir una salud mental basada en la verdad: en el respeto a nuestras emociones, en la validación de nuestras luchas y en la comprensión real de lo que significa vivir.

TRIUNFADORES PISANDO LAS CABEZAS DE LOS DEMÁS

Todos conocemos a personas que van por la vida sacando provecho de los demás. No soy objetiva al decir que la entrada en el nuevo milenio, este siglo XXI, ha hecho que la cara ya no sea el espejo del alma. Porque algunos tienen mucho carisma o son tan buenos mintiendo que no dejan ver esa forma de actuar. Esto nos genera miedos, desconfianzas, a todos los niveles, desde los negocios compartidos a las relaciones personales.

Impera el egoísmo y el éxito personal sobre el colectivo, con decir lo que la otra persona quiere oír sin que sea la verdad, crear tramas a escondidas, corrupciones, con ganas de engañar para lograr algo perjudicial para el otro. Hay un dicho “Hecha la ley, hecha la trampa”.

No es lo mismo cumplir la ley que tener moral (o ética). Muchas personas las consideran lo mismo, con lo que cumpliendo las leyes se sienten con derecho a decir que hacen las cosas bien. Pero veamos las definiciones en diccionario de la real academia de la lengua española (dle.rae.es) de las dos cosas (no hace falta más que ver los significados, es muy sencillo):


Ley:

  1. f. Regla fija a la que está sometido un fenómeno de la naturaleza.
  2. f. Cada una de las relaciones existentes entre los diversos elementos que intervienen en un fenómeno.
  3. f. Precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados.
  4. f. En el régimen constitucional, disposición votada por las Cortes y sancionada por el jefe del Estado.
  5. f. Religión, culto a la divinidad. La ley de los mahometanos.
  6. f. Lealtad, fidelidad, amor. Le tengo ley.
  7. f. Calidad, peso o medida que tienen los géneros, según las leyes.
  8. f. Cantidad de oro o plata finos en las ligas de barras, alhajas o monedas de oro o plata, que fijan las leyes para estas últimas.
  9. f. Cantidad de metal contenida en una mena.
  10. f. Estatuto o condición establecida para un acto particular. Leyes de una justa, de un certamen, del juego.
  11. f. legislación (‖ conjunto de leyes). El Gobierno debe actuar conforme a la ley.
  12. f. Cada una de las disposiciones comprendidas, como última división, en los títulos y libros de los códigos antiguos, equivalentes a los artículos de los actuales.

Moral:

  • 1. adj. Perteneciente o relativo a las acciones de las personas, desde el punto de vista de su obrar en relación con el bien o el mal y en función de su vida individual y, sobre todo, colectiva.
  • 2. adj. Conforme con las normas que una persona tiene del bien y del mal. No me parece moral.
  • 3. adj. Basado en el entendimiento o la conciencia, y no en los sentidos. Prueba, certidumbre moral.
  • 4. adj. Que concierne al fuero interno o al respeto humano, y no al orden jurídico. Aunque el pago no era exigible, tenía obligación moral de hacerlo.
  • 5. f. Doctrina del obrar humano que pretende regular el comportamiento individual y colectivo en relación con el bien y el mal y los deberes que implican.
  • 6. f. Conjunto de facultades del espíritu, por contraposición a físico.
  • 7. f. Estado de ánimo, individual o colectivo. Tengo la moral por los suelos.
  • 8. f. Ánimo para afrontar algo. Se necesita tener moral para aguantar tantas penalidades.
  • 9. f. coloq. En actividades que implican confrontación o esfuerzo intenso, confianza en el éxito.

Las leyes, en general, son un conjunto de normas que se establecen para algo con la consecuencia de algún tipo de represalia o sanción al incumplirlas. Las hacen las personas elegidas por el pueblo en los sistemas democráticos o por los deseos de una persona o grupo en las dictaduras.


La moral atañe en su concepto al bien o mal que se causa. Con mucha simpleza diríamos que bien es lo que beneficia al individuo y la colectividad en el amplio concepto de la naturaleza pura (sin intervención humana). Mal el opuesto.
Algo puede ser legal y estar mal moralmente, dependiendo de cada persona, creencias, etc. Ejemplo: A mí no me gusta que maten lobos y hay leyes que lo permiten, para mí carentes de moralidad. Seguro que a tí alguna ley no te gusta y según tu moral la cambiarías.


También ocurre al contrario, hay comportamientos morales que son ilegales. Todo lo que hace un bien a alguien, como es por ejemplo: la labor de barcos humanitarios que recogen refugiados e inmigrantes y hay sanciones y pegas porque hay países que dicen son incumplimientos de su ley. Dejarles ahogarse en el mar es legal pero no es moral en absoluto.
Habría mucho que hablar sobre los derechos humanos, la propiedad intelectual, la propiedad privada, la corrupción, los vacíos legales, la lógica moral en el ser humano.
Las conductas humanas causantes del cambio climático han sido, por sus consecuencias, muy poco morales. El planeta entiende de moralidad y no de leyes humanas. Así va por saltarnos lo más importante que es usar la cabeza para pensar en los demás, para cuidar la naturaleza y vivir de acuerdo con la austeridad que esto requiere: menor consumo de plásticos, usar los aparatos hasta que se estropean, procurar no ir en avión si hay otro medio de transporte porque es el que más carburante gasta con mucha diferencia, y más actividades que hagan sostenible nuestra existencia como especie sin ser lesivos para nuestro hogar, este planeta que es tan bello y de vez en cuando nos dice que manda el (terremotos, volcanes, huracanes, riadas, sequías, cambios de temperatura…)


Ejemplos de inmoralidad que no protege la ley:

  1. Las medidas migratorias de los países occidentales https://www.facebook.com/1744564602422397/posts/2373685886176929/
  2. Tener una idea original para mejorar algo. Más vale que la patentes, registres o hagas lo que diga la ley humana para asociarla a ti. Si no pones tus medios para lograrlo y, para mejorarla creas un equipo, compartes la responsabilidad porque confías en que es más enriquecedor que ser alguien individual (casi siempre lo es), a la primera de cambio es posible que veas que te excluyen de ese equipo y se adueñan de tu idea y medios, tu prestigio te es arrebatado. Y no pasa nada porque si no tenías la propiedad intelectual, ese registro legal, es una falta a la moral que no es ley ni reclamable ni solucionable. Un ejemplo: Hace 10 años creé una página en la red Facebook, poco tiempo después nombré dos personas cómo administradores por si yo no entraba alguna temporada. Hay circunstancias personales que me hacen ausentarme a veces. Una de esas personas en una de estas épocas se quedó la administración única y, aunque le pedí que me devolviera mi puesto al darme cuenta, me lo negó. Escribí a Facebook de España y de EEUU pero no me han hecho caso ninguno. Mi creación me ha sido sustraída legalmente pero inmoralmente, pues esa red social por lo que se ve guarda muchos datos como todas, pero no conoce lo que es la propiedad intelectual de quien abre una página.
  3. Se invita a la casa a una persona de supuesta confianza y roba al anfitrión. Pero no entró por la fuerza, oh, y es una palabra contra la otra según la policía, no hay caso.

Podría seguir folios y folios. La conclusión es que confiar la mayoría de veces sale muy bien y unas pocas mal. Mejor siempre que se pueda todo plasmado en documentos que sean legales.

Hay “triunfadores de verdad” que benefician a toda la comunidad, brillantes que destacan por su valía y “ganadores de medio pelo” que, porque son torpes y mediocres, lo hacen pisoteando de una forma inmoral a quienes están a su alrededor y que a veces son los verdaderos artífices del triunfo.


La psicología describe en referencia a la autoestima que depende de nuestro interior, sin nada de fuera que influya si es buena de verdad. Pero encontraremos a muchas personas que aplastan a quienes tienen alrededor porque así, por comparación, ven la suya más alta aunque sea igual que era.


Hace un par de días un taxista me decía: «En el mundo hay muchos demonios y cerdos. Si dejamos fuera eso cuando volvemos a casa y tenemos nuestro círculo con nuestra familia y nuestros animales, no nos afectará y podemos estar alegres, bien.»
Mucha sabiduría en esas palabras, es cierto que hay muchas personas sin sentimientos o con pocos, que él llamaba demonios y yo psicópatas.


Este artículo sobre “los ganadores de medio pelo” me gusta:
Si quieres ser grande, no pises a los demás, crece tú. https://lamenteesmaravillosa.com/quieres-grande-no-pises-los-demas/

QUEREMOS SER FELICES

Tema difícil definir la felicidad, porque es diferente para cada persona. Hace unos días me decía alguien que «todo el tiempo que le dejaba libre su trabajo tenía que dedicarlo a ser feliz. Expresaba así no tener tiempo para dar apoyo a quién lo necesitara, aunque fuera parte de su vida, si tenía un problema«. Cualquier persona que base su felicidad en el altruismo se echaría las manos a la cabeza. También excluía el trabajo como tiempo de posible felicidad.

Me hizo pensar mucho sobre la felicidad e intentar imaginar que alguien pudiera no querer ser feliz. No me parece posible eso. La mayoría de filósofos la sitúan en el interior, en sentirse bien con uno mismo, suceda lo que suceda alrededor. La felicidad según grandes filósofos

Me acordé de un cuento del psicólogo Jorge Bucay que leí hace muchos años y era más o menos así como lo recuerdo:

Un hombre iba viajando y se acercaba a un pueblo. A la entrada había un cementerio y miró algunas lápidas. Cuál fue su sorpresa cuando vio que todas eran de niños de corta edad, el muerto más mayor tenía poco más de 11 años. ¿Qué terrible epidemia o desgracia habrá pasado en la que murieron tantos niños?

Entró en el pueblo, angustiado por saber que tragedia era aquella. Al primer hombre que vio le preguntó lo sucedido, tan terrible. El hombre le explicó:

«En este pueblo todos llevamos un cuaderno desde la infancia donde vamos anotando el tiempo que somos felices. Un beso apasionado son tres días de felicidad, un amor correspondido los meses que dura, así cada cosa que da alegría. Y vamos sumando. Cuando alguien fallece miramos cuanto tiempo ha sido feliz y es el que ponemos en su lápida. Ese es el tiempo verdaderamente vivido. No hay ninguna tragedia»

El viajero salió del pueblo y siguió su camino. Aún le quedaban muchos lugares por visitar y donde aprender cosas nuevas.

En efecto, ser feliz el 100% del tiempo no parece posible. Como prácticamente todas las metas, no se alcanzan de cualquier forma sino a través del tiempo, del proceso de búsqueda del objetivo. ¿Será la felicidad conseguir realizar todo lo que habíamos proyectado hacer? ¿O será aceptar los momentos vitales, tal como van surgiendo, extrayendo lo positivo? A mí me convence más la segunda pregunta, ya que la primera es muy raro que suceda y además, una vez logrado no quedaría nada por realizar, aparecería el aburrimiento y el vivir del pasado, el salto de un momento feliz a ser desgraciado.

Haber alcanzado la total felicidad como preludio de, ante la impotencia de mejorarlo, la paradoja de perderla en ese instante. Porque los seres humanos somos siempre aprendices, buscadores del crecimiento continuo. Tenerlo todo, saberlo todo (imposible pero hay quienes se lo creen) es perder la capacidad de evolución y ese estado es haber muerto por dentro en un cuerpo vivo. Ese espejismo es de poca inteligencia, falso y por esto un sucedáneo de la felicidad.

Según el esquema de valores de cada persona, su órden de prioridades, depositará su felicidad en lo que crea más importante. Para unos es el dinero, para otros las fiestas, las risas, la paz, la espiritualidad, su vocación, ayudar a otros, etc.

Así podemos ver como alguien que se dice feliz para nosotros se ve solamente superficial, y alguien que dice buscar la felicidad, sentir desde nuestra perspectiva que ya lo es en la medida en que no se puede conseguir del todo.

Somos seres sociales, por esto ser felices es complementado por la felicidad de quienes están a nuestro alrededor y por nuestra colaboración a que esto sea así: En la familia, la pareja, los amigos, nuestro círculo próximo. Ante este fenómeno hay dos posibles formas, alejarse de los problemas de nuestros allegados o apoyarles.

Alejarse lo hará quien sea egoísta, temeroso de perder su sucedáneo de felicidad, porque en su interior sentirá frágil su deseada felicidad.

Apoyar lo hará quien sea generoso, fuerte en el camino de la felicidad duradera, con un interior rico que compartir.

La sociedad actual tiene más fácil la acción de alejarse que la de apoyar, el egoísmo está más de moda que la generosidad, la dureza pétrea más que la fuerza de la flexibilidad. Si es más fácil tener una copia falsa que un original, se aparenta, se confunde el sucedáneo con la verdad. El resultado es, elevado a lo general, el deterioro del planeta por nuestra especie y, por sonreír, creerse feliz al aparentárlo.

Un ser humano, si es feliz huyendo de tomar responsabilidades, de ser positivo y solidario, de amar a sus congéneres cercanos, si lo hace con engaños… vamos a pararnos a pensar un momento en esta persona, a acercarnos a la meditación y lo que nos dice el budismo como una de las más eficaces fuentes de felicidad (yo no soy budista, lo aclaro):

Sin compasión (comprensión, empatía y solidaridad) no puede haber felicidad verdadera.