La Leyenda de la Ardilla, la real fragmentación territorial y las migraciones

Se nos ha contado una historia, una analogía ficticia, que nos habla de un pasado que ahora está ausente. La leyenda dice que «una ardilla podía cruzar la península ibérica de un extremo a otro sin tocar jamás el suelo, saltando de rama en rama a través de un ininterrumpido manto de árboles». Esta imagen no es solo una fantasía, es el reflejo de un ecosistema que una vez fue y que, por causa de nuestras acciones, ya no existe.


El estado actual de España, marcado por la desertización, los incendios descontrolados, las inundaciones repentinas y las temperaturas récord, no es un fenómeno natural aislado, sino el resultado directo de decisiones y prácticas que se han arraigado en nuestra historia.


Debemos empezar por el principio: la deconstrucción de la leyenda y lo que ha ocurrido desde ese pasado de bosques densos.

La Degradación Histórica: De la tala masiva a los bosques Inflamables

El gran cambio en el paisaje no ocurrió de la noche a la mañana; es el resultado de un proceso que se ha desarrollado durante siglos.

La destrucción del denso entramado forestal comenzó mucho antes del siglo XV, pero se aceleró mucho a partir de entonces. La necesidad de madera para la construcción naval, esencial para la expansión del poderío marítimo español y la creación de la Armada Invencible, diezmó los extensos bosques sobre todo de robles, encinas y menos pinos.

Posteriormente, la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX privatizó las tierras comunales y, el afán de lucro llevó a muchos nuevos propietarios a talar los árboles para vender la madera y destinar la tierra a cultivos de secano.


Este proceso continuó en el siglo XX, pero con un matiz diferente. La repoblación forestal que se promovió se hizo con fines puramente industriales, priorizando el crecimiento rápido sobre la biodiversidad. Se plantaron masivamente especies como el eucalipto y el pino, que si bien aumentaron la superficie forestal, crearon monocultivos débiles, vulnerables a plagas y enfermedades. Se trata de especies ajenas a nuestros ecosistemas, el eucalipto por ser australiano, el pino por plantarse en exceso, que además de consumir grandes cantidades de agua y de alterar la composición del suelo, son extraordinariamente inflamables.

La tropicalización de España se debe en parte a esta alteración artificial de nuestros bosques.

Los Cómplices: la Agricultura y el Abandono Rural

La agricultura, en su búsqueda de maximizar la producción, ha jugado un papel fundamental en la degradación de nuestro territorio. La agricultura intensiva de regadío ha sobreexplotado los acuíferos, agotando las reservas de agua subterránea. El uso masivo de fertilizantes y pesticidas ha contaminado el suelo y los ríos.

La expansión de las infraestructuras y la urbanización han fragmentado los hábitats naturales e impedido que el agua de lluvia se infiltre en la tierra, lo que aumenta la virulencia de las inundaciones.


A esto también se suma el éxodo rural, que ha dejado atrás prácticas tradicionales de gestión del paisaje como el pastoreo y la limpieza del sotobosque. Sin el control natural, la biomasa seca se acumula, creando el combustible perfecto para los incendios que cada verano arrasan miles de hectáreas.

El Cambio Climático: Un Acelerador de la Crisis

Si bien las acciones humanas han sentado las bases para la crisis, el cambio climático,  de origen antropogénico, es el factor que lo está acelerando todo de manera dramática. El calentamiento que estamos experimentando, causado por la emisión de gases de efecto invernadero provenientes de la quema de combustibles fósiles, es de una magnitud y velocidad que no tienen parangón en los ciclos naturales del planeta.

Esto se manifiesta en el aumento de las temperaturas, que intensifica las olas de calor, agrava la sequía y propaga los incendios con una fuerza sin precedentes. Además, los patrones de lluvia se han vuelto erráticos, con sequías prolongadas seguidas de fenómenos torrenciales como las DANAs, que el suelo seco es incapaz de absorber, provocando riadas y un aumento de la desertificación.

Las Consecuencias Humanas: Migración, Xenofobia y la paradoja del desarrollo

Este desequilibrio ambiental tiene consecuencias directas sobre la vida humana. El aumento de las temperaturas y la tropicalización de nuestro clima favorecen la expansión de animales vectores de enfermedades que huyen de las zonas ecuatoriales y tropicales: Mosquitos portadores de malaria, dengue o del virus del Nilo Occidental encuentran ahora en España un hábitat adecuado.


Asimismo, y de forma lógica, los seres humanos también buscan sobrevivir. La migración se ha convertido en una estrategia de adaptación para aquellos que ven sus tierras y medios de vida destruidos por la sequía, las inundaciones, el hambre, añadidos a los daños de la colonización europea.

Sin embargo, la respuesta a esta migración no siempre es racional. Desde la lógica de la supervivencia, la xenofobia no tiene sentido, ya que se esperaría empatía por parte de aquellos que también podrían verse forzados a emigrar o incluso descienden de migrantes de otras épocas. No obstante, la historia nos muestra que la xenofobia es un fenómeno que se alimenta del miedo a la competencia por los recursos, la inseguridad económica y la manipulación política, que a menudo utiliza al extranjero como chivo expiatorio para desviar la atención de los problemas estructurales reales.


Aquí es donde se presenta la gran paradoja: La cultura que los inmigrantes buscan adoptar es la misma que ha causado un modelo de vida basado en el consumo desmedido y la explotación de recursos. Es la misma cultura que, a lo largo de los siglos, ha provocado la deforestación de España y la ha dejado vulnerable al cambio climático. En esencia, los inmigrantes huyen de entornos que se están volviendo inhabitables, situaciones a las que nuestro propio modelo de desarrollo ha contribuido históricamente.

A pesar de todo, se adaptan a nuestras normas y forma de vida, lo que demuestra que su intención principal no es la de desestabilizar o imponer su cultura, sino la de buscar una oportunidad de supervivencia y prosperidad.


El miedo a la inmigración es, en el fondo, una forma de ignorar nuestra propia responsabilidad. La xenofobia desvía la atención de las causas fundamentales (la degradación ambiental y la desigualdad global) y la enfoca en las personas que son las víctimas de estas causas.

El envejecimiento demográfico y la necesidad de la inmigración

Es un hecho que la pirámide de población de muchos países, entre ellos España, se ha invertido progresivamente. Cada vez hay menos nacimientos y una mayor esperanza de vida, lo que provoca que la población adulta en edad laboral se reduzca en proporción a la población mayor.

Este desequilibrio tiene consecuencias importantes para la economía y el bienestar social, y es aquí donde la inmigración surge como un factor de equilibrio.


Las ventajas de la inmigración en un país envejecido son claras y multifacéticas:


Sostenibilidad del Estado de Bienestar: Un sistema de pensiones se basa en que los trabajadores activos coticen para pagar las pensiones de los jubilados. Con una población activa en descenso, la llegada de inmigrantes jóvenes y en edad de trabajar es vital para sostener el sistema. Su contribución a la Seguridad Social y al sistema fiscal ayuda a mantener no solo las pensiones, sino también la sanidad pública y otros servicios sociales.


Dinamismo Económico: La población inmigrante suele tener una mayor tasa de natalidad, lo que revierte la tendencia demográfica a largo plazo. Además, contribuye a la economía no solo como mano de obra, sino también como consumidores y emprendedores, impulsando la demanda y la innovación.


Cobertura de la Demanda Laboral: Existen muchos puestos de trabajo en sectores clave como la agricultura, la construcción o los cuidados que a menudo no son cubiertos por la población local. La inmigración llena estos vacíos, permitiendo que la economía funcione de manera más eficiente y que se desarrollen sectores estratégicos.

Regularidad y no legalidad: El estatus migratorio

Es importante distinguir entre un migrante que se encuentra de forma regular o irregular en un país, en lugar de utilizar términos como «legal» o «ilegal», que pueden sonar despectivos y criminalizan a las personas.

Un migrante regular es aquel que cumple con la normativa establecida por el país de acogida y posee la documentación necesaria para vivir y trabajar. Un migrante irregular es aquel que ha entrado o ha permanecido en el país sin cumplir con esos requisitos, a menudo por razones que no están en su mano.

La normativa es algo que creamos nosotros como sociedad.


Cuando un inmigrante tiene un estatus irregular, se enfrenta a una situación de precariedad extrema, sin acceso a trabajos formales, a servicios de salud completos o a derechos laborales básicos. Esto lo hace vulnerable a la explotación y lo empuja a la economía sumergida, donde no contribuye a la sociedad a través de impuestos o cotizaciones.

Las ventajas de la regularización

Las ventajas de la inmigración son tan evidentes, que la lógica sería su regularización porque trae beneficios directos para todos:


Mayor Contribución Económica: Al obtener un estatus regular, los inmigrantes pueden acceder a trabajos formales. Esto significa que empiezan a pagar impuestos y a cotizar a la Seguridad Social, lo que, como ya se ha mencionado, refuerza el sistema de bienestar social del país. La regularización transforma a los migrantes irregulares en contribuyentes plenos.


Mejora de las Condiciones Laborales: La regularización permite a los inmigrantes ejercer sus derechos laborales, acceder a contratos justos y denunciar abusos, lo que reduce la explotación y la competencia desleal en el mercado de trabajo.


Integración Social y Cohesión: Un inmigrante regularizado tiene más facilidades para integrarse en la sociedad. Puede acceder a servicios de salud y educación, lo que mejora la calidad de vida de todos los ciudadanos y evita la creación de guetos o marginación social.


Seguridad Pública: La regularización facilita la identificación y el registro de las personas, lo que permite a las autoridades tener un mejor control y conocimiento de quiénes viven en el país, lo cual aumenta la seguridad para toda la población.


En última instancia, la regularización de los inmigrantes no es solo una cuestión ética o moral, sino una estrategia inteligente para el desarrollo económico y social a largo plazo de un país. Es un paso necesario para transformar una situación de precariedad en una oportunidad mutua de crecimiento y estabilidad para todos los ciudadanos.

Inmigración y xenofobia: El miedo a lo desconocido en la búsqueda de una vida mejor

La inmigración es un fenómeno complejo que no solo tiene dimensiones económicas y demográficas, sino también culturales. La llegada de personas con diferencias culturales (distintas tradiciones, religiones o formas de vida) a menudo genera miedo y rechazo, lo que conocemos como xenofobia.

Este temor surge de una aversión instintiva a lo desconocido y de la percepción de una amenaza a la identidad cultural del grupo. Sin embargo, este miedo a las diferencias ignora una realidad fundamental: los inmigrantes buscan, en última instancia, adaptarse a nuestra cultura porque aspiran al nivel de vida que hemos generado.

La paradoja: El paraíso material en un mundo en declive

Esta aspiración nos lleva a una paradoja profunda. La cultura que los inmigrantes buscan adoptar es la misma que ha causado un modelo de vida basado en el consumo desmedido y la explotación de recursos. Es la misma cultura que, a lo largo de los siglos, ha provocado la deforestación de España y la ha dejado vulnerable al cambio climático.

En esencia, los inmigrantes huyen de entornos que se están volviendo inhabitables (ya sea por la desertificación, las inundaciones o la violencia derivada de la escasez de recursos), situaciones a las que nuestro propio modelo de desarrollo ha contribuido históricamente.


La conexión es clara: el mismo sistema que creó el confort material en países como España, arrasando con los bosques y acelerando el cambio climático, es el que ahora empuja a las poblaciones de otras regiones a buscar refugio aquí.

Es decir, los inmigrantes son, en muchos casos, los primeros afectados por una crisis ambiental que nosotros hemos creado, y ahora migran a los lugares que se benefician de ese mismo sistema destructivo. A pesar de todo, se adaptan a nuestras normas y forma de vida, lo que demuestra que su intención principal no es la de desestabilizar o imponer su cultura, sino la de buscar una oportunidad de supervivencia y prosperidad.


El miedo a la inmigración es, en el fondo, una forma de ignorar nuestra propia responsabilidad. La xenofobia desvía la atención de las causas fundamentales (la degradación ambiental y la desigualdad global) y la enfoca en las personas que son las víctimas de las mismas.

La regularización, por tanto, no es solo un acto de justicia social, sino un reconocimiento de nuestra interconexión global. Al facilitar que los inmigrantes se integren y contribuyan a nuestra sociedad, no solo ayudamos a sostener nuestro sistema demográfico y económico, sino que también reconocemos que su búsqueda de un mejor futuro está intrínsecamente ligada a las consecuencias de nuestro propio pasado.

La historia del Bierzo: de la riqueza robada a la lucha por el futuro


De la Prehistoria a la Hispania romana

Los primeros rastros de asentamientos en el Bierzo se remontan al Paleolítico Inferior, con hallazgos de herramientas de piedra.

En el Neolítico se encuentran hachas pulimentadas y, en el Calcolítico y la Edad del Bronce, pinturas rupestres que atestiguan una ocupación continuada.

Durante la Edad del Hierro, la comarca fue hogar de los astures gigurros, una tribu celta que habitaba en poblados fortificados conocidos como castros. Su cultura minera y su habilidad en la orfebrería prepararon el terreno para la llegada de los romanos.

Castro de Chano

La dominación romana fue transformadora, principalmente por la explotación intensiva del oro. Las Médulas, declaradas Patrimonio de la Humanidad, son el testimonio más imponente de esta época, un paisaje de «montañas rojas» creado por la ingeniería hidráulica romana para extraer el preciado metal.

El Bierzo se integró en el Convento Asturicense y se convirtió en una pieza clave de la economía imperial, extrayendo una riqueza que se enviaba directamente a Roma.

La Edad Media: la Tebaida Berciana y la Reconquista

Con la caída del Imperio Romano, el Bierzo fue ocupado por los suevos, y más tarde, se vio envuelto en las incursiones visigodas y, brevemente, musulmanas. Sin embargo, su carácter más distintivo de este periodo fue su papel como centro de vida monástica. La comarca se llenó de eremitas y monasterios, ganándose el apodo de la «Tebaida Berciana«, en alusión a una región de Egipto con gran tradición ascética. Figuras como San Fructuoso y San Genadio de Astorga son clave en este periodo, fundando importantes comunidades religiosas que moldearon el paisaje y la cultura.

Monasterio de San Pedro de Montes

Con la Reconquista, el Bierzo quedó integrado en el Reino de León. La ruta del Camino de Santiago, que cruza la comarca, propició la fundación de pueblos y hospitales, y aumentó su relevancia estratégica. En esta época, los Caballeros Templarios tuvieron una gran influencia en la zona. Su legado más visible es el imponente Castillo de Ponferrada, que, a diferencia de otras fortalezas templarias, es la más grande de Europa, un símbolo de su poder y la protección que brindaban a los peregrinos.

De la Edad Moderna al siglo XX y la riqueza que nunca revirtió

Tras la disolución de las órdenes militares, el Bierzo pasó a ser parte del señorío de la Casa de los Osorio. La comarca experimentó altibajos económicos, pero mantuvo su peso agrícola.

Escudo de la Casa de Villafranca de los Osorio

Durante la Guerra de la Independencia, fue escenario de importantes combates y, en el siglo XIX, se propuso la creación de una provincia de El Bierzo con capital en Villafranca. Este proyecto no prosperó, pero existió un breve periodo en el que la comarca tuvo autonomía administrativa. Sin embargo, fue el Real Decreto de 26 de agosto de 1822 el que creó la efímera provincia de El Vierzo (con ‘v’), con Ponferrada como capital, una situación que duró poco más de un año. Esta historia demuestra el deseo constante de la comarca por tener una identidad administrativa propia, un anhelo que no ha desaparecido.

Provincia del Vierzo

El siglo XX trajo consigo un cambio drástico. La minería del carbón se convirtió en el motor económico de la región, atrayendo a miles de trabajadores. La fundación de ENDESA en 1944 consolidó al Bierzo como un centro neurálgico para la producción de energía eléctrica. Sin embargo, esta enorme riqueza extraída de las entrañas de la tierra y generada por la industria no revirtió de forma significativa en la comarca. Gran parte de los beneficios se destinaron a financiar el desarrollo industrial y la construcción de infraestructuras en otras regiones de España, dejando en el Bierzo un legado de pasivos ambientales y una riqueza que se esfumó.

Minero en la mina de carbón

El subsuelo berciano no solo ha aportado carbón, sino una inmensa variedad de minerales. Además del oro de la época romana y la pizarra actual, sus minas han sido productoras de wolframio (especialmente durante las Guerras Mundiales), hierro, plomo, zinc, y estaño. La explotación de estos recursos, si bien generó empleo temporal, formó parte de un modelo extractivista que no contribuyó a un desarrollo endógeno sostenible.

Una de las bocaminas que atestiguan la existencia de las explotaciones de wólfram en el Bierzo.

Además, los títulos nobiliarios, como el del Conde de Toreno (cuyo origen es berciano), en muchos casos, han pasado a manos de familias que, a lo largo de la historia, se trasladaron a la capital de España, evidenciando una desconexión entre la tierra que generó el título y los beneficios que se han disfrutado en otras partes.

El Bierzo de hoy: la España vaciada y la lucha por el futuro

La crisis industrial de finales del siglo XX y el cierre de las minas de carbón supusieron un duro golpe para la economía de la comarca. Este declive económico ha llevado a una acelerada despoblación, convirtiendo al Bierzo en una de las zonas más afectadas por el fenómeno de la España Vaciada.

Miles de bercianos se han visto obligados a emigrar a otras provincias y países en busca de oportunidades, dejando atrás pueblos y un paisaje humano que se desvanece.

Este abandono se hace visible en la falta de infraestructuras y en la lentitud de los proyectos de desarrollo turístico. A pesar de contar con un patrimonio natural e histórico incalculable, la falta de inversión y una planificación deficiente han impedido que el turismo se consolide como un motor de crecimiento. A modo de ejemplo, el proyecto de mejora de acceso a Las Médulas ha sido largamente prometido pero no ha visto avances significativos, lo que demuestra la dificultad para convertir el potencial en realidad.

Además, el Bierzo sufre las consecuencias de la gestión forestal y de la crisis climática. Los incendios forestales son un fenómeno recurrente que devasta cada verano sus montes, afectando no solo la flora y la fauna, sino también la economía local. El reciente incendio que afectó a la zona de Las Médulas es un trágico recordatorio de la vulnerabilidad de su patrimonio natural.

Las Médulas teñidas de negro tras el fuego

Sin embargo, el Bierzo ha sabido reinventarse, aunque con enormes dificultades. Su economía actual se apoya en sectores diversos:
La agroalimentación: la Denominación de Origen Bierzo para sus vinos (especialmente la uva mencía) y otros productos como la manzana reineta, el pimiento, la castaña y la cereza, han devuelto a la agricultura su protagonismo, aunque con una población rural cada vez más envejecida.
La industria: a pesar del declive del carbón, mantiene una importante actividad en la extracción de pizarra y en el sector eólico.
El turismo: el Camino de Santiago, el enclave de Las Médulas y su patrimonio histórico-artístico (monasterios, castillos, pueblos con encanto) atraen a visitantes, pero la falta de infraestructuras y promoción adecuadas limita su potencial.

Flora, fauna y personajes ilustres

La riqueza natural del Bierzo es inmensa. Su ecosistema de transición entre la vegetación atlántica y mediterránea crea un paisaje único.

La flora típica incluye bosques de castaños (el árbol por excelencia de la comarca), robles, abedules, alcornoques, acebos, etc. Los matorrales están dominados por el brezo y el tojo, y en los valles se pueden encontrar especies de ribera como los sauces y los alamos.

Castaño milenario de Villasumil

La fauna autóctona también es notable. A pesar de los desafíos, la comarca es el hogar de especies emblemáticas como el oso pardo cantábrico y el lobo ibérico, que encuentran refugio en las zonas más remotas. Otras especies comunes incluyen el jabalí, el corzo, la perdiz, y una gran variedad de aves rapaces como el águila real y el halcón peregrino.

La rica biodiversidad es uno de los mayores valores que la comarca debe proteger.

Finalmente, el Bierzo ha contado con personajes que han luchado por su identidad y reconocimiento.

Juan Carlos Mestre, poeta y artista plástico, Premio Nacional de Poesía, es un defensor incansable de la cultura berciana.

El escritor Antonio Gamoneda, aunque nacido en Oviedo, se crio en Redes, una aldea berciana, y sus obras reflejan el paisaje y el alma de la comarca.

Pero, sin duda, una figura esencial fue Valentín García Yebra, filólogo y miembro de la Real Academia Española, que siempre llevó con orgullo sus raíces bercianas.

El filólogo leonés Valentín García Yebra. / Juan Lázaro / ICAL

El abogado y político Luis del Olmo también es un incansable promotor de su tierra natal, Ponferrada, y ha contribuido a su desarrollo cultural.

José Luis Prada: un embajador del Bierzo

Entre los personajes que han dedicado su vida a la defensa del Bierzo, destaca con luz propia José Luis Prada.

Desde el restaurante y bodega Prada a Tope en el Palacio de Canedo, se ha convertido en un embajador incansable de la cultura, la gastronomía y los productos de la comarca. Su labor ha ido mucho más allá del ámbito empresarial.

Prada es reconocido por su trabajo en la recuperación de la identidad berciana. En un momento de declive económico y cultural, se dedicó a poner en valor los productos agrícolas tradicionales, especialmente las peras y las castañas del Bierzo, así como los vinos de la variedad mencía.

Su filosofía, resumida en el lema «Prada a Tope», busca el máximo aprovechamiento de la riqueza local, promoviendo la calidad y la autenticidad.

Su activismo ha sido fundamental en la promoción de las tradiciones y la artesanía, impulsando la venta de productos locales y creando un modelo de negocio que demuestra que el Bierzo puede vivir de su propia riqueza.

Su figura se ha asociado con la resiliencia y el orgullo berciano, siendo un ejemplo de cómo la iniciativa privada puede contribuir al desarrollo sostenible y a la lucha contra la despoblación. Su legado es una muestra de que el futuro del Bierzo pasa por el reconocimiento y la puesta en valor de lo propio, a través de la pasión y el trabajo incansable.

Un futuro incierto

El futuro del Bierzo es incierto. La comarca enfrenta una dura lucha contra la despoblación, la falta de inversión y un modelo de desarrollo que, históricamente, ha extraído más de lo que ha dado. La transición ecológica, con el cierre de las centrales térmicas, ha dejado un vacío económico difícil de llenar.

Demolición de la central térmica de Anllares

Para revertir esta tendencia, se necesitaría una inversión masiva en infraestructuras turísticas (carreteras, alojamiento, promoción), un apoyo decidido a la agricultura y la industria local, y la promoción de un turismo de calidad que valore su historia, su gastronomía y su impresionante patrimonio natural.

El Botillo del Bierzo, una vez cocido y emplatado. Foto: Consejo Regulador I.G.P. Botillo del Bierzo.

Si bien los bercianos son conocidos por su resiliencia, el futuro de la comarca depende de que la riqueza que se genere en su tierra finalmente se quede en ella.

HOJAS EN EL SUELO

Hoy no las veo, no he salido. En la calle de mi balcón no hay árboles. El sol pasa más bajo, no sé calcular las horas. Tocaron el reloj y desajustaron mi equilibrio, ese tan frágil de ánimo… ¿qué hora será? Va a poco el día, crece la noche y caen continuamente las hojas. Hoja perenne o caduca, caen, baja la vitalidad de la naturaleza.

Me levanto cansada, oigo «me hago mayor» cuando no es cierto, son hojas caídas también dentro de nosotros, de las almas y los cuerpos. Sé que es otoño, extrañamente cálido y pandémico este año. Interactúo sin querer con esta estación sin remedio porque el tren de la vida está hoy en ella. En estas latitudes es así el eterno giro del año.

Hay lugares sin estaciones y no sé cómo sienten el devenir de los meses. Pero aquí… hay otoño, hay hojas en el suelo… y sin ganas esbozo una sonrisa pensando que pasará una vez más y quedará atrás.

Cambios estacionales y estado de ánimo

Nueva experiencia: VIVIR MAS NATURAL

Tengo que reconocer que es la primera vez que estoy en un camping. Afortunadamente paso de los 50 años y aún tengo mucho por descubrir.

No me han faltado propuestas para hacerlo. Pero la calidad de la cama para mí es muy importante y siempre me lo habían dicho para hacerlo en una tienda. Por eso me había negado, porque sé lo que precisa mi espalda.

En cambio la caravana tiene una cama de primera. Tanto que el reloj deportivo que llevo registra lo nunca visto, que duermo más tiempo en sueño profundo que en superficial. En casa es al revés, por el ruido de la ciudad, supongo.

Las experiencias nuevas siempre me cuestan darle vueltas a la cabeza y no estaba muy animada al principio. Pero la compañía era mi amor que siempre me dice: «Está controlado, tu confías en mí y si no te gusta se cancela». Me da mucha tranquilidad.

Al lado de la playa el sonido del mar día y noche es relajante, agradable, se te mete por los poros de la piel y te hace volar como las gaviotas. Mirar su color cambiante y la espuma de las olas es algo en lo que poder detenerte todo el tiempo del mundo. Despertar, mirar por la ventana y sin ni haberte levantado contemplar su grandeza. Para una mujer nacida tierra adentro, que lo vio por primera vez con 11 años, resulta una invitación a contemplar esa brava a veces y otras dulce naturaleza.

Llevo 3 meses así. La pandemia de COVID-19 no está ni estaba para plantearse otras aventuras y ha hecho que el camping esté menos ocupado, para mi en particular una ventaja. Tanto es así que me resisto a regresar a la ciudad ahora que la DANA nos hizo bajar de la duna a otro lugar con árboles, más resguardado y con el mar igual, aquí al lado.

Los perros han tenido su cambio también, siempre en la calle. La perra, con 8 años, ha aprendido a recoger la pelota que le tiramos, a nadar por primera vez entre olas buscándola y bucear. ¡Si pudiera hablar esta loquita que llora cuando oye a una lorita de otra parcela, anhelando verla toda enamorada del pájaro!. Tiene sus agapornis y prefiere lo imposible, así es ella. El perro es diferente, se tumba, sólo se moja las patitas en el agua, sale a saludar a las personas que pasan por la calle, mucho más tranquilo. Deseoso, de vez en cuando, de subir a la caravana a echar una siesta, en casa resguardado.

Hemos hecho actividades, como compartir con familiares y amigos. Una escapada para, por primera vez, probar lo que es bucear con botella. Siempre me había preguntado cual sería la sensación de respirar así, aire de un aparato en lugar del normal. Es genial, cuando inhalas sin ningún esfuerzo y exalas ese montón enorme de burbujas.

¡Lo que es la adrenalina!. Al ir en la barca neumática al lugar de buceo iba muerta de miedo por la velocidad, lo mismo al echarme al agua antes de ponerme la botella. Pero la adrenalina se acaba y ahí empieza lo bueno: Bajar tranquila sujeta por el monitor, ver el fondo que está a 8 metros, tocar ese verdor, ver peces de todos los colores y tamaños. El tiempo se detiene, no hay nada más que ese lugar y momento. Esto me hace pensar en la atención consciente del mindfutness sobre la que estoy leyendo.

Se oye el movimiento de las hojas de los árboles y el mar. Siempre el mar, la mar, como diría el poeta. Apenas alguna voz lejana. Se respira tanta paz que una se siente tentada de no volver a la realidad, de quedarse para siempre en este oasis de juegos en la tablet, lecturas, televisión a la carta gracias a la tecnología, meditación, mirarse por dentro sin hacer nada, fumar un cigarrillo con una cerveza 0,0… Esperar su vuelta con las anécdotas del trabajo.

Aún en esta situación de vivir sin trabajar, porque la vida lo dispuso así, el lunes recomienza la vida urbana con las clases de música, el deporte, las citas médicas y veterinarias, el relleno habitual del que he estado exenta tres meses. Esto es como perderse en un lugar paradisíaco… sin ni salir de la provincia, cerca, muy cerca.

Saben vivir estos pocos extranjeros o españoles que están aquí ni se sabe por cuanto tiempo. He tenido el verano más bello de mi vida entera.


Y pasó un tiempo desde lo escrito hasta aquí.

Es otoño, 27 de octubre. Me afecta el cambio al horario de invierno, la disminución de horas de luz diurna. El estado de ánimo se baja y hemos decidido pasar la semana en este lugar porque me sienta genial.

Hoy acabo de dar un paseo, dentro de la soledad de las mañanas. Fumaba un cigarrillo frente al mar. No hay gente casi, sólo privilegiados, la mayoría alemanes.

Mi alma dice para sí en ese momento:

«El mar me habla, me dice que el puede con ese virus.

Los gorriones revoloteando me hablan, me dicen que son la naturaleza que sigue viva.

La soledad me habla, me dice que puedo hacer o dejar de hacer mis actividades porque no pasa nada.

Mi caravana me habla, me da la seguridad de no necesitar reunirme con la gente.

Mi mente me habla, me dice que vivir así, sencillamente, sin necesitar transgredir las normas de contención de la pandemia, cómoda en cualquier restricción, es estar más equilibrada de lo que creo. No necesito bares, fiestas, cercanías, peligros.

Mi corazón me habla, me dice que esperar su vuelta del trabajo es, en esta paz, la alegría de ser como mis perros, cariñosa, loquita, sencilla, saltarina y expresiva.

No necesito nada más.»

CORONAVIRUS: AUTODEFENSA DE LA PROPIA TIERRA

Una entrada que he leído en el blog de «El ambigu del yoga» muy interesante, de como nuestro planeta vivo, Gaia, está funcionando.

Coronavirus: autodefensa de la propia Tierra