Estamos asistiendo a un fenómeno que muchos creían imposible: en pleno 2026, las encuestas dibujan un panorama de involución ideológica entre los más jóvenes. Lo que antes era un sector tradicionalmente progresista, hoy muestra una fractura sin precedentes. Pero, ¿es esto una simple diferencia de opiniones o estamos ante una reorganización del machismo bajo nuevas etiquetas?
Los datos del retroceso
A comienzos de este 2026, los datos en España son alarmantes. Por primera vez en décadas, el bloque de la derecha y la extrema derecha supera el 50% de la intención de voto entre los menores de 30 años. Vox se ha consolidado como una fuerza líder en la franja de 18 a 34 años, vendiendo una falsa imagen de «rebeldía» contra lo establecido. Sin embargo, al analizar los datos con lupa, descubrimos que esta derechización no es general, sino que tiene un marcado sesgo de género.
Existe una brecha abismal: mientras las mujeres jóvenes siguen liderando la lucha por los derechos sociales y el ecologismo, el apoyo de los hombres jóvenes a opciones de extrema derecha ha escalado por encima del 21%. Esta polarización no es casual; es el resultado de una ofensiva cultural dirigida específicamente a los varones.
La máscara de la «libertad» y la realidad del patriarcado
Este giro a la derecha no se limita a la economía; el eje central es la reacción contra el feminismo. En 2026, debemos ser claros: el feminismo no es más que la búsqueda de la igualdad efectiva. Por lo tanto, cualquier postura que se autodenomine «antifeminista» no es una opinión política legítima más, sino una manifestación directa de machismo y un refuerzo del patriarcado misógino.
Los datos de este año revelan las consecuencias de este discurso: • Negacionismo de la violencia: Más del 10% de los varones jóvenes ya no identifica como violencia actos de control o agresión física en la pareja, y un 40% la considera algo «inevitable». • El victimismo masculino: El 52% de los hombres jóvenes afirma sentirse «discriminado» por las leyes de igualdad. Esta percepción de pérdida de privilegios es el núcleo duro del patriarcado, que se resiste a ceder espacio a la justicia social.
La «Manosfera»: El caldo de cultivo de la misoginia
Este repunte del machismo no nace del vacío. En 2026, las redes sociales se han convertido en cámaras de eco donde algoritmos de TikTok y YouTube bombardean a los jóvenes con discursos de la «manosfera». Estos espacios validan el resentimiento masculino y disfrazan la misoginia de «superación personal».
La manosfera es una red variada de sitios web, blogs y foros en línea que promueven la masculinidad enfatizada, la hostilidad hacia las mujeres o misoginia, y una fuerte oposición al feminismo.
El resultado es un entorno digital hostil donde una de cada tres mujeres jóvenes sufre acoso. No estamos ante un cambio de ciclo político inofensivo; estamos ante una contraofensiva patriarcal que intenta desmantelar los avances en derechos humanos que tanto ha costado conseguir.
Conclusión: La igualdad no es negociable
Es fundamental entender que este auge de la derecha entre los jóvenes no es una nueva forma de libertad, sino un retorno a las estructuras de dominio más arcaicas. Llamar a las cosas por su nombre es el primer paso: oponerse a la igualdad es machismo.
En 2026, el reto de nuestra sociedad es impedir que el odio y el privilegio, disfrazados de política moderna, consigan silenciar la lucha por un mundo donde ser mujer no sea un factor de riesgo o desigualdad.
Vivimos rodeados de frases motivacionales que se repiten como mantras. Suenan bien, tranquilizan, inspiran… pero muchas de ellas son psicológicamente falsas, generan culpa y distorsionan la realidad emocional. Aquí desmontamos algunas de las más comunes.
1. “Querer es poder”
Suena motivador, pero es engañoso. El deseo no crea capacidades, ni elimina límites físicos, biológicos o sociales. Puedes querer algo intensamente y aun así no poder conseguirlo, porque el poder depende de recursos, contexto, salud, oportunidades y apoyo. Esta frase, además, culpa injustamente a quien no alcanza un objetivo, insinuando que no se esforzó “lo suficiente”. No todo depende del deseo; existen límites reales.
Ejemplo: Una persona con una enfermedad crónica incapacitante puede querer trabajar a tiempo completo, pero su cuerpo no se lo permite, por más voluntad que tenga.
2. “Si quieres, puedes cambiar tus pensamientos”
Los pensamientos no funcionan como un interruptor. Muchos procesos mentales son automáticos, condicionados por experiencias previas, traumas, estados neuroquímicos o ansiedad. La terapia ayuda, sí, pero no elimina la complejidad. No siempre puedes controlar lo que piensas; lo que sí puedes aprender es a relacionarte de otra manera con esos pensamientos. Los pensamientos no se apagan a voluntad.
Ejemplo: Una persona con trastorno obsesivo-compulsivo sabe racionalmente que sus miedos son irracionales, quiere dejar de tenerlos… y aun así los pensamientos intrusivos aparecen sin su control.
3. “Tienes que pensar en positivo”
El positivismo obligatorio es una forma de invalidación emocional. Obliga a callar el malestar y a fingir bienestar. Pensar en positivo no resuelve problemas estructurales ni procesos psicológicos profundos, y puede causar lo contrario: más estrés, más culpa y más sensación de fracaso. La verdadera salud emocional incluye poder sentir lo negativo sin censura. No todo puede ni debe mirarse con positividad.
Ejemplo: Alguien que acaba de perder a un ser querido recibe la frase “piensa en positivo”. Esto no le ayuda: aumenta su dolor porque siente que no “debería” estar triste.
4. “Todo pasa por algo”
Es una frase que intenta consolar, pero reduce la vida a un guión místico. Hay cosas que no tienen sentido: injusticias, enfermedades, accidentes. Buscar un significado es humano, pero asumir que todo está predeterminado puede bloquear el duelo, la protesta legítima y la acción. Algunas cosas pasan sin motivo, y está bien reconocerlo. No todo tiene un sentido oculto.
Ejemplo: Un accidente causado por un conductor borracho deja secuelas a una persona inocente. No hay ningún “propósito” detrás de eso; fue un acto irresponsable y azaroso.
5. “El tiempo lo cura todo”
El tiempo por sí solo no cura nada. Lo que cura son los procesos que ocurren durante el tiempo: terapia, apoyo, cambios, comprensión, elaboración emocional. Sin estos elementos, las heridas simplemente se enquistan. El tiempo ayuda, pero no actúa mágicamente. El tiempo no cura lo que no se trabaja.
Ejemplo: Una persona que sufrió abusos en la infancia puede seguir con secuelas graves décadas después si nunca tuvo apoyo ni terapia.
6. “La felicidad depende solo de ti”
Esto niega completamente los factores externos: pobreza, discriminación, violencia, salud mental, precariedad laboral, vínculos seguros o inseguros. La felicidad es un fenómeno biopsicosocial, no un proyecto individual aislado. La idea de que “todo depende de ti” produce aislamiento, culpa y una sensación constante de insuficiencia. La felicidad depende también de condiciones materiales, sociales y biológicas.
Ejemplo: Una persona viviendo en precariedad severa, sin red de apoyo y con depresión, no puede “decidir ser feliz” solo con actitud.
7. “Si te esfuerzas lo suficiente, nada es imposible”
Otra versión del mito meritocrático. Es falso: hay límites reales, y reconocerlos es parte de la madurez. El esfuerzo es importante, sí, pero también lo es el contexto, los recursos, las capacidades, la suerte y el apoyo. No todo es posible, y aceptar esto libera mucha presión. El esfuerzo no elimina los límites del cuerpo o la realidad.
Ejemplo: Un atleta con una lesión permanente puede entrenar sin parar, pero eso no hará que recupere una capacidad biomecánica que no puede restaurarse.
8. “Perdonar es necesario para sanar”
El perdón puede ser útil para algunas personas, pero nunca es obligatorio. Confundir perdón con sanación invalida a quienes necesitan distancia, límites o incluso ruptura para protegerse. Hay quienes sanan sin perdonar, y hay quienes perdonan pero no sanan. Cada proceso es único. La sanación puede ocurrir sin perdón; lo que importa es el bienestar y los límites.
Ejemplo: Una persona que corta contacto con un padre maltratador y construye una vida segura sin perdonarlo… sana.
Conclusión: La tiranía de las frases bonitas y el daño silencioso que producen
Las frases motivacionales que se repiten sin pensar parecen inocuas, pero no lo son. Funcionan como pequeños eslóganes emocionalmente tóxicos que simplifican lo complejo, maquillan lo doloroso y, sobre todo, culpan a la persona de su sufrimiento.
Estas expresiones no solo no ayudan: invalidan, silencian, presionan y convierten el malestar humano en un fallo personal. Son frases que reducen la vida a un lema publicitario, como si los problemas fueran un asunto de actitud y no de condiciones, contexto, historia o biología.
La vida no es un libro de autoayuda barato ni una conferencia motivacional de domingo por la mañana. La vida tiene límites, duelos, traumas, circunstancias injustas, enfermedades, precariedad, desigualdades y complejidad emocional. Pretender que todo se resuelve con voluntad, optimismo o perdón es negar esta realidad.
Estas frases, repetidas sin conciencia, generan daños profundos:
Culpa: “Si no lo logras, es que no quieres suficiente.”
Aislamiento: “No puedo decir que estoy mal, porque parece que debería pensar en positivo.”
Vergüenza: “El tiempo pasa y sigo roto… algo está mal conmigo.”
Silencio emocional: “No debería sentir esto si todo pasa por algo.”
Autoexigencia extrema: “Si me esfuerzo más, lo conseguiré, aunque me destruya en el intento.”
Y eso es exactamente lo contrario de lo que necesitamos para estar bien.
La verdadera psicología, la honesta, la que respeta el ser humano, no impone frases mágicas ni exige estados emocionales imposibles. La verdadera psicología escucha, acompaña, reconoce los límites, valida el dolor y reconoce la complejidad. No dice “tú puedes con todo”, porque eso es mentira. Dice: “No tienes que poder con todo. No tienes que estar bien siempre. No tienes que pensar bonito. No tienes que perdonar. Solo tienes que ser humano.”
Desmontar estas frases no nos vuelve pesimistas; nos vuelve libres. Libres de culpas que no nos corresponden, de expectativas irreales, de mandatos emocionales que dañan. Abandonar las mentiras psicológicas es el primer paso para construir una salud mental basada en la verdad: en el respeto a nuestras emociones, en la validación de nuestras luchas y en la comprensión real de lo que significa vivir.
¿De dónde proviene la expresión ‘Mens sana in corpore sano’?
La expresión en latín clásico ‘Mens sana in corpore sano’, cuya traducción es ‘Una mente sana en un cuerpo sano’ está extraída de uno de los poemas satíricos escritos por el autor romano Décimo Junio Juvenal, a caballo entre los siglos I y II d.C.
Concretamente pertenece a la Sátira X (línea 356) en el que la frase entera dice:
‘Orandum est ut sit mens sana in corpore sano’ (Debemos orar por una mente sana en un cuerpo sano)
Evidentemente, hay que encuadrar la frase dentro del contexto de la época, en la que las civilizaciones daban un estricto valor y gran importancia a la formación intelectual, atlética y espiritual del individuo (mente, cuerpo y alma).
Se calcula que fue hacia el último cuarto del siglo XIX cuando la expresión ‘mens sana in corpore sano’, tal y como nos ha llegado hasta nosotros, empezó a utilizarse con el fin de popularizar las técnicas de gimnasia moderna, por aquel entonces cada vez más de moda, y para ello se comenzó a pronunciar sin la vinculación de crecimiento espiritual, tal como hacía la frase en su origen (Orandum est ut sit).
La frase actualmente está sacada de contexto, en detrimento del énfasis sobre la importancia del cuidado mental y con la desaparición del espiritual. Orar es fundamentalmente la repetición de mantras en cualquier religión o una forma de meditación no religiosa, una limpieza y estimulación de lo que no es físico.
La palabra mantra es un término de origen sánscrito compuesto del vocablo “man”, mente, y el sufijo “tra”, que puede interpretarse como instrumento. Por tanto, la palabra mantra puede traducirse literalmente como un “instrumento mental” o una herramienta de características sonoras.
De acuerdo con diversos registros, la primera aparición de la palabra mantra se halló en el texto sagrado más antiguo del hinduismo: el Rigveda. En este manuscrito, se describen los mantras como instrumentos del pensamiento en forma de canto o verso.
La psicología los cataloga como una forma de reafirmar y cambiar conductas, sobre todo las relacionadas con el egocentrismo.
La mente es como un océano. Esto quiere decir que la calma, el caos o las alteraciones, forman parte de la naturaleza de la mente. Por esta razón, un mantra es un medio ideal para calmar, serenar y equilibrar toda la mente.
Los mantras buscan crear una conexión constante con el poder interior de cada persona. Son la llave para lograr autocontrol, autoconsciencia, y todo lo necesario para alcanzar felicidad y plenitud.
El sentido de ‘Orandum est ut sit mens sana in corpore sano’ (Debemos orar por una mente sana en un cuerpo sano) correcto no nos orienta al ejercicio físico gimnástico sino al mindfulness y la meditación.
No es casual que mens sana sea nombrado antes que corpore sano, pues puede haber un cuerpo sano sin una mente cuidada (lo que busca en gran parte la ignorancia humana del siglo XXI) pero una mente sana llevará al consecuente cuerpo sano en unión con toda la naturaleza, con la relajación, el ejercicio suave, el sentido común que está en el justo medio, la elasticidad, el equilibrio.
Fuentes:
Alfred López, 20 minutos. Nallely Kimberly Gámez Rocha, Aprende Institute.
Cultiva tu espiritualidad, tu mente, tu existencia interior, la introspección, la relajación, la concentración en la respiración, la sencillez, la postura y el movimiento natural. En tu interior, una vez te acerques al equilibrio, a ser uno en ti mismo en unión con la naturaleza, aparecen las semillas que irás regando en paz y crecerán mejorando tu salud espiritual, mental y consecuentemente física.
El resto de seres sintientes, si los observas, descansan mucho y hacen muchos estiramientos. Corren o andan siempre para algo con una finalidad espontánea (buscar un mejor lugar, cazar, jugar para aprender). Ese comportamiento se produce ya con una mente pequeña, respondiendo al instinto de mantener la vida en las condiciones más óptimas. Sólo un animal doméstico tendrá que ejercitarse físicamente sin otro objetivo que la salud, pues en estado salvaje, natural ¿crees que se entrenan? No, sólo aprenden de pequeños lo que necesitarán para sobrevivir. Imaginar una leona buscando aumentar su velocidad o resistencia corriendo sin mas sin ser tras una presa es eso, imaginar, porque no ocurre. El león juega de cachorro, aprende su forma de vida para ser adulto, y luego hace lo que tiene que hacer para sobrevivir con el esfuerzo mínimo necesario.
Nuestra capacidad mayor de cultivarnos nos puede llevar a ‘Orandum est ut sit mens sana in corpore sano’ o a ‘mens sana in corpore sano’, es algo que decidimos nosotros consciente o inconscientemente. Inconscientemente cuando nos dejamos llevar por modas externas que ni pensamos, vamos como miembros de un rebaño.
La naturaleza (planeta) estaba sana entre los siglos I y II d. C. y hasta la revolución industrial que aparece al final del siglo XVIII (y al empezar el XIX se elimina de ‘Orandum est ut sit’ para la gente y no es casual). La revolución industrial desemboca en el cambio climático que está destruyendo nuestro planeta, en nuestro distanciamiento de lo natural.
Espiritualmente como especie no hemos evolucionado hace muchos siglos, más bien hemos iniciado una destrucción que viene de una involución interior, al centrarnos más en lo que a la superficie corporal se refiere y sólo a eso superficial. En gran parte es por desligarnos de la naturaleza pura en los últimos siglos.
Ejemplos:
1. Las dietas hiperprotéicas para favorecer la musculación y la delgadez, sabiendo que son dañinas para el riñón. Pero el músculo aumenta más pronto y el largo plazo del riñón dañado ni se contempla.
2. La moda de la piel bronceada, aunque a la larga la envejezca y produzca lesiones precancerosas.
No soy quién para decir nada más que la puntualización sobre cómo se malinterpretan a propósito dichos históricos como el que nos ocupa. Lo necesario en los seres humanos para un cuerpo sano (el equilibrio, aún en el caso de padecer alguna enfermedad) es lo primordial, sanar la mente primero por medio de métodos que se encuentran en ‘el trozo de texto eliminado’ de la frase. Primero ‘orar’ con propósito, la acción únicamente al alcance de los humanos, que abarca la meditatión, la recitación, el soltar hacia afuera desde dentro de nosotros lo que quita la paz interior. Si te concentras en mejorar tu espiritualidad duradera vendrá a ti primero la mente sana y después el cuerpo estará mas equilibrado, esa parte de la naturaleza donde tu estás ahora encarnado temporalmente. El cuerpo es el continente temporal para un contenido intemporal. Cuidando lo intemporal se cuida lo temporal, pero más aún, es que el cultivo de lo intemporal permanece siempre, es más importante que el cultivo de lo perecedero. El cuerpo has de mantenerlo con técnicas artificiales en la medida justa de lo que se ha separado de lo natural, en la medida que está domesticado como una mascota. No corres para buscar tu alimento pero trabajas para lograr ese objetivo, así que si trabajas sentado pasea para acercarte a la naturaleza que te movía a cazar, recolectar o cultivar campos. Si tienes un trabajo físico, compensa moviendo lo que no mueves en él para equilibrar.
Si en tu trabajo caminas kilómetros no tiene sentido que uses tu cuerpo para luego hacer ejercicio con más kilómetros. Si lo que haces en el trabajo con tu cuerpo da predominancia al uso de un lado (el dominante, según seas diestro o zurdo) y tu ejercicio de después es asimétrico, usando más ese mismo lado, estás aumentando el desequilibrio. Vas a favorecer las lesiones y sobrecargas, no la salud aunque creas que es salud lo que consigues.
Si te relajas, desconectas tu mente del día a día, vives el instante con plenitud, con la técnica que más te ayude (respiración consciente, relajación, meditación, etc.), haces una dieta completa y saludable (la de tus abuelos o bisabuelos, así tal cual, porque es la de nuestra especie desde siempre) y te mueves con los propósitos cotidianos, sin más, tienes todo. Llenar eficazmente tus pulmones de aire, que tu corazón bombee la sangre hasta el último rincón de tu cuerpo, que tus órganos tengan el mejor funcionamiento sin ser forzados. Eso es ser una persona saludable, la que busca estar sana.
No te pierdas en dietas creadas y promocionadas los últimos 2 siglos, otra forma mas de destruir el cuerpo con el disfraz de lo saludable. No te pierdas en ejercicios que te producen agujetas, desgastan tus articulaciones, huesos, músculos, tendones. No te pierdas en el espejo y la báscula, interioriza desde ti sin esas cosas y siente si estás hermoso, pesado o molesto con algo. No te pierdas en todo lo hecho para el negocio del dinero.
Piensa, usa tu cerebro, busca si el espejo o la báscula son lo que piensas por algo del exterior (mensajes publicitarios, modas, críticas, prejuicios, gente que busca tu dinero) o por tu sensación interior (sensaciones propioceptivas que buscan el equilibrio).
Escúchate sólo en lo que sale de ti, sin coacciones, sin contaminar, esa es tu verdad. Si la sigues serás un ser con personalidad, independiente, encaminado a la salud. El camino es largo, toda tu vida y si crees en la reencarnación, muchas vidas. Es tu camino, tu aprendizaje, tu proceso y meta al mismo tiempo. En ese caso te saludo desde el mío, que a veces pierdo y vuelvo a recuperar, en el que no sé nada y sé algo, en el que ver a otros errar ayuda a crecer y en el que, a veces, se admira a unos pocos. Un camino personal, sin guía concreto y con momentos guiados, porque tenemos mucho común y al mismo tiempo ninguno somos iguales.
Estos días, es curioso ver como abstraemos, una cosa que no tiene nada que ver me ha llevado a pensar en otra. He tenido problemas de pisada con un pie, que no me dejaba hacer deporte, y estoy estrenando, por primera vez en mi vida, unas plantillas personalizadas. El pie «bueno», aunque tiene algunas correcciones, pisa normal como siempre y sin molestias. En cambio, el pie «malo» lo llevo mareado, pues tiene la memoria muscular de su forma anómala de andar y no puede seguirla por la distribución de cargas que hace la plantilla.
Un paseo ayer me llevó a comparar estas plantillas con la educación. Y no por aquello antiguo de «la letra con sangre entra», de moda en mi infancia. Los niños íbamos a tortazos en cuanto hacíamos algo mal. O te lo daban en la escuela o en casa. La comparación es por el proceso de adaptación ya sea a andar correctamente o a comportarse bien.
Hablo de comportarse bien porque diferencio entre educación y formación. Os lo explico:
– La educación es la adquisición de comportamientos adecuados sociales (saludar, saber usar los cubiertos en la mesa, saber estar en situaciones concretas, hablar con corrección sin palabrotas, seguir las normas en lugares donde se ha de guardar silencio, no usar idiomas que otro no entiende en una conversación, etc.) y éticos, en cuanto a los conceptos de bien y mal, libertad, respeto a los derechos humanos, como ejemplos.
– La formación es la adquisición de conocimientos como la lectura, escritura, gramática, ortografía, otros idiomas, matemáticas, historia, dibujo, hasta llegar a la formación universitaria y de posgrado.
Ni la educación ni la formación, si son correctas, pueden estar dirigidas al adoctrinamiento en ideologías. Tienen que fomentar el pensamiento individual de los educandos en libertad. Los sistemas actuales se centran más en la memoria que en la inteligencia, pues prima el saber cosas sobre el pensar y deducir cosas. Forma parte de una forma de adoctrinamiento para que nuestros jóvenes sean más dóciles y fáciles de integrar en la masa, tengan menos capacidad de generar una opinión propia bien fundamentada y analizada.
El cerebro humano tiene un enorme crecimiento en los 4 primeros años de vida. Esto hace que en este periodo sea cuando se adquiere casi toda la educación. Si nos damos cuenta en ese periodo la escuela no hace formación. En mi época infantil, en la que la formación comenzaba antes que ahora, yo aprendí a leer y escribir a los 4 años. Ya vemos un indicativo de por dónde tienen que ir las cosas, la educación mayormente se hace en casa, la da o la debería dar la familia.
La educación no se puede delegar y esperar en la escuela o el Estado. Además, al igual que los animales, se aprende más por imitación, no tanto por palabras con órdenes o consejos. Si un padre le dice a su hijo que solamente cruce los semáforos en verde o no tire basura al suelo en la calle y luego yendo con el niño hace lo contrario, ese comportamiento inadecuado del padre es el que realmente va a aprender. Cuando un niño pregunta porqué una norma de educación es así, se le tiene que escuchar y explicar con argumentos que también sean válidos para un adulto. El niño está bajo la tutela de los padres, pero hay que darle un espacio de diálogo, dejarle hablar y hacerle caso. Me ha ocurrido muchas veces en mi consulta ver a un niño enfermo y habla la madre, pero si tiene 5 años o más, como ya tienen un buen dominio del lenguaje, yo le pregunto al niño. Los tímidos no hablan y escucho a la madre, pero muchos niños se extrañan de que una persona adulta quiera hablar con ellos y les escuche. Explican lo que les pasa muy bien y les resulta muy agradable ser valorados como individuos. Es sencillo, si yo me retrotraigo a mis 5 años, los pensamientos que recuerdo eran lógicos, un niño de esa edad se entera de todo lo que pasa a su alrededor incluidas las conversaciones de los adultos. Otra cosa que me ha pasado es que los padres me pidan un justificante para el colegio. Los responsables de los menores son sus padres y ellos tienen que justificar las ausencias del colegio, que no es una empresa donde trabajan los niños. El médico a quien tiene que darle justificante es al trabajador (los padres, los maestros…)
La escuela también hace algo de educación pero más tardía, tiene más la responsabilidad de la formación en conocimientos. Como padres tenemos que velar por la objetividad e imparcialidad de esa educación y esos conocimientos. No se puede cambiar la historia, no se pueden inculcar odios, no se pueden enseñar mentiras. Todas las personas tenemos ideología, pero el niño no es una prolongación del padre ni tiene que hacer lo que no pudieron hacer los padres. Es difícil porque cada uno barre para su casa, transmitir ese pensamiento libre y responsable a los hijos. Con educación, respeto y libre pensamiento, ese es el joven bien criado, porque se les prepara para salir al mundo, para volar como los pájaros cuando salen del nido. Si se ha dialogado desde muy niños será más fácil que siga habiéndolo y haya confianza.
Un error frecuente es dejar la responsabilidad entera de la educación en la escuela, que no puede hacerla sola si no es un internado. Luego al llegar la adolescencia, con sus cambios y dificultades, querer educar a alguien que es más alto que el padre. Es tarde. Un adolescente bien educado previamente, aunque tenga discusiones con sus padres, sabrá comportarse con las visitas a casa, porque está autoafirmándose como persona, pero bien socializado. Sin una educación buena antes de llegar ahí lo habitual es que esté asalvajado y sea más problemático. Se perdió la oportunidad y en el mejor de los casos se educarán, por la obligación de subsistir, en la empresa en que vayan a trabajar porque sino les despedirán. Hay que saber pensar y también obedecer algunas normas.
Si recordáis me ha venido a la cabeza la educación por unas plantillas para los pies. ¿Porqué? Porque si un niño en crecimiento necesita usar plantillas estas con el tiempo tienden a corregir el defecto y a poder dejar de usarlas. En cambio, cuando ya hemos acabado de crecer, la plantilla corregirá el defecto mientras esté usándose pero se tendrá que usar siempre, el defecto siempre va a estar ahí. Se aprende a caminar con soltura en la nueva forma de apoyo, se previenen males mayores, eso sí. También tenemos capacidad de aprendizaje de conocimientos y de educarnos toda la vida, siempre podemos mejorar. Pero la edad dorada de los aprendizajes es la infancia, hagamos que nuestros hijos la aprovechen al máximo.