Manifiesto del Retorno

Si me buscas, me hallarás de regreso, con la gorra que me resguarda del sol y de las miradas ajenas. Llevo un bastón, ese apoyo que conjura el mareo, que disipa el cansancio y reafirma cada paso. Soy la que se sienta en cualquier banco del camino, ya sin prisa ni la condena de la espera. Sueño con vidas alternativas, con amores que hubieran sido la lealtad que anhelo, con una permanencia que me hubiera valorado de verdad.

Soy aquella a la que la salud le dio la espalda, impidiéndome la vida estándar. Las enfermedades ahora son mis compañías constantes. Pero sonrío con la alegría de quien se sabe fiel a principios trasnochados, esos que siempre he cumplido y de los que jamás me arrepiento. Quiero y no puedo, porque me han engañado con la falacia de que querer es poder. Cuando tengo un problema, no miro hacia otro lado; eso es una mentira. Miro de frente y resuelvo o, con la misma entereza, acepto que no tiene solución y sigo adelante.

Soy la que amaba sin recibir el mismo amor, la traicionada por todos que, sin embargo, mantiene la cabeza alta. Que se levante alguien que pueda decir que yo le fallé. Nadie. Soy esa que puede mirarse sin temor en un espejo y detenerse sin la necesidad de huir hacia adelante. Me dejaron atrás, personas que fracasaron, pero sigo siendo la triunfadora que vino al mundo con la fuerza inmutable para afrontar la adversidad.

La vida no se elige; nadie lo hace. Ella me elige a su antojo y me lleva a su merced. Se dice que no se cambiaría de vida, yo digo que no me cambiaría a mí misma, porque si hubiera podido optar por caminos mejores, los habría tomado. Aprendo del sufrimiento, pero también podía haber aprendido del ajeno sin la necesidad de vivirlo.

Sonrío, también río mucho y, ni los duelos, ni las tristezas, ni ninguna pena es necesaria. Se me han negado muchas cosas, pero es un hecho menor si las que sí puedo hacer me llenan por completo. No espero nada de fuera, aunque agradezco lo bueno que venga. Si he aprendido a vivirme por dentro, a quererme, a cuidarme, a escuchar, a dar, a entender… al fin y al cabo, a gustarme, no puedo pedir más.

Ser mujer, buscar al amor en el tiempo y no encontrarlo, dos matrimonios, mil errores… En verdad, se trata de un buen balance. La discapacidad es una mera palabra que no me define en lo absoluto. No soy eso, nunca lo fui, ni lo seré. La esencia de mí, lo que me define, lo que me diferencia de la mayoría, eso lo soy por siempre y me trascenderá.

La primera palabra será siempre «mujer» y, mil veces que nazca, siempre seré una mujer que ama profundamente. Es lo más claro que tengo. No existe nada más bello que amar sin medida y al mismo tiempo creerse amada. Es vivir el paraíso.

Las imágenes han sido generadas con Inteligencia Artificial

HISTORIAS DE MI FAMILIA PATERNA CONTADAS EN LA NOCHE

A estas horas en que debería estar durmiendo me vienen a la mente antiguas historias que contaba mi difunto padre. Historias reales de hace muchos años.

LA PATENTE

En los pueblos de la Mancha había una costumbre. Si un joven se echaba una novia de un pueblo diferente tenía que pagar a los muchachos del pueblo de la chica «la patente» como compensación. Con ese dinero se iban de vinos. Y mi bisabuelo se echó una novia del pueblo de al lado. Iba a visitar andando a su novia y en aquella época siempre se solía llevar una cachaba. A medio camino entre los dos lugares salieron a su encuentro un grupo de jóvenes que le insultaron y pidieron la patente. Mi bisabuelo debía ser un rebelde, no le gustaba que le obligaran a hacer nada y si le hubieran dicho de ir a tomar algo a la bodega bien, pero con mala educación y exigencias no estaba de acuerdo con la costumbre. El pensaba que si le había gustado más a su novia que los casaderos de su propio pueblo era su mérito, no un dinero que dar. Cuando tuvo cerca al grupo de chavales empezó a darles garrotazos gritando «tomad la patente bien calientes». Fue tal su bravura que salieron todos corriendo y le apodaron «el tío Salidando» por los palos que salió dando. Nunca más le dijo nada ninguno del pueblo de al lado y se casó con mi bisabuela sin pagar ninguna patente.

EL ANIMERO

Mi abuelo según decían había nacido con zurrón, algo que hacía especial al bebé que le ocurría. De adulto sabía todos los oficios necesarios para la agricultura y ganadería, desde hacer el mejor queso del pueblo a segar con dos hoces a la vez, una en cada mano, porque era ambidiestro. También era el «animero» del pueblo: Cuando hacía poco de un fallecimiento y la familia tenía algún tipo de problema extraño acudían a el, que se comunicaba con el muerto y si había dejado algo por hacer o quería una misa, lo que fuera que tenía incómodo al finado la familia lo hacía y se acababa el problema. Una vez había un rumor generalizado de que por las noches recorría el pueblo «la fantasma». Era blanca, eso decían los que la habían visto, y nadie salía de noche porque tenían mucho miedo. Mi abuelo se ofreció a solucionarlo. Pensaba que algún cachondo estaba asustando con algún trapo blanco y pensaba llevarle a casa de sus padres cogido de la oreja. Salió de noche, paseó por todas partes hasta que a lo lejos, en el cementerio, vio algo blanco. Y se dirigió a allí sigiloso para pillar por sorpresa a quien fuera. Su sorpresa fue que era un caballo blanco de un vecino. Lo cogió y se lo llevó al corral de su casa. Al día siguiente iba diciendo: No veréis más a la fantasma, está atada en mi corral. Nadie lo entendía hasta que le dijo al dueño: Ven a por tu caballo a mi casa y enciérralo mejor, que todas las noches se te escapa y es la fantasma que asusta a todos.

EL MILAGRO

Había en la casa de mi abuelo un arcón de madera lleno de ropa. Entre la ropa estaba guardada una pistola cargada, antigua, de un solo tiro. Un día en que nadie estaba en la casa se disparó accidentalmente. Se produjo un incendio del contenido, la ropa, y el arcón se quemó entero. Era más que suficiente para que ardiera la casa. Al mirar el contenido del arcón todo estaba carbonizado, excepto el bolsillo entero de una camisa, completamente perfecto, igual que la estampa de la Virgen del Cármen que tenía dentro. Desde entonces ese milagro ha sido de una gran influencia en mi familia, mi padre siempre tuvo un cuadro de esta virgen en la cabecera de la cama.