El espejismo de la «rebeldía»: Por qué la juventud se está derechizando en 2026

Estamos asistiendo a un fenómeno que muchos creían imposible: en pleno 2026, las encuestas dibujan un panorama de involución ideológica entre los más jóvenes. Lo que antes era un sector tradicionalmente progresista, hoy muestra una fractura sin precedentes. Pero, ¿es esto una simple diferencia de opiniones o estamos ante una reorganización del machismo bajo nuevas etiquetas?

Los datos del retroceso

A comienzos de este 2026, los datos en España son alarmantes. Por primera vez en décadas, el bloque de la derecha y la extrema derecha supera el 50% de la intención de voto entre los menores de 30 años. Vox se ha consolidado como una fuerza líder en la franja de 18 a 34 años, vendiendo una falsa imagen de «rebeldía» contra lo establecido. Sin embargo, al analizar los datos con lupa, descubrimos que esta derechización no es general, sino que tiene un marcado sesgo de género.

Existe una brecha abismal: mientras las mujeres jóvenes siguen liderando la lucha por los derechos sociales y el ecologismo, el apoyo de los hombres jóvenes a opciones de extrema derecha ha escalado por encima del 21%. Esta polarización no es casual; es el resultado de una ofensiva cultural dirigida específicamente a los varones.

La máscara de la «libertad» y la realidad del patriarcado

Este giro a la derecha no se limita a la economía; el eje central es la reacción contra el feminismo. En 2026, debemos ser claros: el feminismo no es más que la búsqueda de la igualdad efectiva. Por lo tanto, cualquier postura que se autodenomine «antifeminista» no es una opinión política legítima más, sino una manifestación directa de machismo y un refuerzo del patriarcado misógino.

Los datos de este año revelan las consecuencias de este discurso:
• Negacionismo de la violencia: Más del 10% de los varones jóvenes ya no identifica como violencia actos de control o agresión física en la pareja, y un 40% la considera algo «inevitable».
• El victimismo masculino: El 52% de los hombres jóvenes afirma sentirse «discriminado» por las leyes de igualdad. Esta percepción de pérdida de privilegios es el núcleo duro del patriarcado, que se resiste a ceder espacio a la justicia social.

La «Manosfera»: El caldo de cultivo de la misoginia

Este repunte del machismo no nace del vacío. En 2026, las redes sociales se han convertido en cámaras de eco donde algoritmos de TikTok y YouTube bombardean a los jóvenes con discursos de la «manosfera». Estos espacios validan el resentimiento masculino y disfrazan la misoginia de «superación personal».

La manosfera es una red variada de sitios web, blogs y foros en línea que promueven la masculinidad enfatizada, la hostilidad hacia las mujeres o misoginia, y una fuerte oposición al feminismo.

El resultado es un entorno digital hostil donde una de cada tres mujeres jóvenes sufre acoso. No estamos ante un cambio de ciclo político inofensivo; estamos ante una contraofensiva patriarcal que intenta desmantelar los avances en derechos humanos que tanto ha costado conseguir.

Conclusión: La igualdad no es negociable

Es fundamental entender que este auge de la derecha entre los jóvenes no es una nueva forma de libertad, sino un retorno a las estructuras de dominio más arcaicas. Llamar a las cosas por su nombre es el primer paso: oponerse a la igualdad es machismo.

En 2026, el reto de nuestra sociedad es impedir que el odio y el privilegio, disfrazados de política moderna, consigan silenciar la lucha por un mundo donde ser mujer no sea un factor de riesgo o desigualdad.

CUANDO LLEGAR AL LÍMITE NO ES LO MISMO: LA GRAN DIFERENCIA DE LA ENCEFALOMIELITIS MIÁLGICA

En la vida con una enfermedad crónica, muchas personas —sean sanas, tengan una enfermedad leve o incluso una enfermedad grave— comparten una idea común:

«Puedo esforzarme hasta mi límite… y luego pagar el precio con cansancio, dolor o agotamiento.»

Puede ser duro, puede pasar factura durante horas o días, pero en la mayoría de los casos:

Tras descanso, cuidados y recuperación, la persona vuelve a su nivel funcional habitual.

Ese principio —“llego al límite, lo pago y luego me recupero”— forma parte de cómo la sociedad entiende el esfuerzo, la superación y la resistencia ante la enfermedad.

Pero en la Encefalomielitis Miálgica (EM) las reglas del cuerpo no funcionan así.
Y esa diferencia, aunque no siempre se ve desde fuera, lo cambia todo.

En la Encefalomielitis Miálgica no se puede llegar al límite

Las personas con EM conviven con un fenómeno fisiopatológico específico llamado PEM (Malestar Post-Esfuerzo).

El PEM no es solo cansancio extremo ni agotamiento.

Es una reacción anómala del organismo en la que, horas o días después de superar cierto nivel de esfuerzo —físico, cognitivo, emocional o sensorial— aparece un empeoramiento global que puede durar días, semanas o incluso más tiempo, y que puede reducir de forma duradera la capacidad funcional.

Esto significa que, en EM:
Llegar al límite no es “dar el máximo y luego descansar”:¡Es arriesgar una recaída que puede empeorar la enfermedad!

Por eso, quienes viven con EM no pueden:
● aprovechar toda la energía del día
● “forzar un poco” para cumplir compromisos
● recuperar el nivel tras un mal día de esfuerzo
● ni permitirse “pagar el precio después”

El coste no es un mal día:
es la posibilidad real de empeorar su estado de forma sostenida.

La comparación con otros enfermos… y con personas sanas

Las personas sanas pueden sobrepasar su límite y, aunque sufran agotamiento, suelen recuperarse.

Muchas personas con enfermedades crónicas —incluso graves— pueden también esforzarse por encima de su capacidad, con dolor, fatiga o impacto físico importante… pero con recuperación posterior.

En cambio, en Encefalomielitis Miálgica:
● el margen seguro es estrecho
● el límite no es voluntario
● y cruzarlo puede desencadenar PEM

No es una cuestión de fortaleza mental, motivación o actitud.
Es una limitación fisiológica que obliga a vivir deliberadamente por debajo del límite para proteger la salud.

Esta diferencia es difícil de comprender para quien está acostumbrado a que: «El esfuerzo duele… pero fortalece o se compensa con descanso”.

¡En EM, forzar no fortalece:
rompe el equilibrio y agrava la enfermedad!

Implicaciones en la evolución de la enfermedad

El PEM es el mayor factor de empeoramiento en EM porque:
● cada crash puede reducir la capacidad funcional previa
● los periodos de recaída pueden ser prolongados
● la tolerancia al esfuerzo puede ir disminuyendo
● cuadros leves pueden evolucionar a moderados o graves

La vida cotidiana se convierte en una gestión constante de energía:
● medir, prever, recortar, priorizar
● renunciar a actividades necesarias o significativas
● vivir con miedo razonable a cruzar el límite

¡No se decide “hacer menos por comodidad”. Se hace menos para no perder aún más capacidad!

Impacto en la calidad de vida

Esta peculiaridad de la enfermedad afecta a muchos ámbitos:
● relaciones personales
● trabajo o estudio
● autonomía y autocuidado
● vida social y participación comunitaria

Actividades que para otros son pequeñas, para la persona con EM son un riesgo:
● una conversación larga
● salir un rato
● ducharse de pie
● concentrarse leyendo
● gestionar una cita o trámite

Cada decisión cotidiana pasa por la misma pregunta: “¿Podré hacerlo sin desencadenar PEM?”

La identidad, los proyectos y el sentido de continuidad vital queda condicionado por la necesidad de no cruzar un límite invisible que puede empeorar la enfermedad.

La incomprensión: cuando la lógica del esfuerzo no encaja

Buena parte del sufrimiento social de las personas con EM procede de que el modelo habitual de esfuerzo no se aplica aquí.

Desde fuera puede interpretarse como:
● falta de voluntad
● evitar responsabilidades
● miedo al esfuerzo
● “no intentarlo lo suficiente”

Y muchas frases bienintencionadas —o defensivas— hieren:
● “yo también me canso y sigo”
● “si no lo fuerzas nunca mejorarás”
● “un poco de actividad te vendría bien”
● “todos tenemos días malos”

Pero en EM no se trata de “aguantar más”. Se trata de no enfermar más.
Comprender esta diferencia no es solo un acto de empatía:
es una forma de proteger la salud y la dignidad de quienes viven con Encefalomielitis Miálgica.

Idea clave para quienes acompañan o conviven con EM

Las personas sanas o con otras enfermedades pueden llegar a su límite y, con descanso, generalmente recuperarse.

Las personas con Encefalomielitis Miálgica NO pueden permitirse llegar al límite, porque hacerlo puede desencadenar PEM y agravar la enfermedad.

Respetar sus límites no es poner barreras:
es ayudarles a no perder más vida de la que ya les ha sido arrebatada por la enfermedad.