La Leyenda de la Ardilla, la real fragmentación territorial y las migraciones

Se nos ha contado una historia, una analogía ficticia, que nos habla de un pasado que ahora está ausente. La leyenda dice que «una ardilla podía cruzar la península ibérica de un extremo a otro sin tocar jamás el suelo, saltando de rama en rama a través de un ininterrumpido manto de árboles». Esta imagen no es solo una fantasía, es el reflejo de un ecosistema que una vez fue y que, por causa de nuestras acciones, ya no existe.


El estado actual de España, marcado por la desertización, los incendios descontrolados, las inundaciones repentinas y las temperaturas récord, no es un fenómeno natural aislado, sino el resultado directo de decisiones y prácticas que se han arraigado en nuestra historia.


Debemos empezar por el principio: la deconstrucción de la leyenda y lo que ha ocurrido desde ese pasado de bosques densos.

La Degradación Histórica: De la tala masiva a los bosques Inflamables

El gran cambio en el paisaje no ocurrió de la noche a la mañana; es el resultado de un proceso que se ha desarrollado durante siglos.

La destrucción del denso entramado forestal comenzó mucho antes del siglo XV, pero se aceleró mucho a partir de entonces. La necesidad de madera para la construcción naval, esencial para la expansión del poderío marítimo español y la creación de la Armada Invencible, diezmó los extensos bosques sobre todo de robles, encinas y menos pinos.

Posteriormente, la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX privatizó las tierras comunales y, el afán de lucro llevó a muchos nuevos propietarios a talar los árboles para vender la madera y destinar la tierra a cultivos de secano.


Este proceso continuó en el siglo XX, pero con un matiz diferente. La repoblación forestal que se promovió se hizo con fines puramente industriales, priorizando el crecimiento rápido sobre la biodiversidad. Se plantaron masivamente especies como el eucalipto y el pino, que si bien aumentaron la superficie forestal, crearon monocultivos débiles, vulnerables a plagas y enfermedades. Se trata de especies ajenas a nuestros ecosistemas, el eucalipto por ser australiano, el pino por plantarse en exceso, que además de consumir grandes cantidades de agua y de alterar la composición del suelo, son extraordinariamente inflamables.

La tropicalización de España se debe en parte a esta alteración artificial de nuestros bosques.

Los Cómplices: la Agricultura y el Abandono Rural

La agricultura, en su búsqueda de maximizar la producción, ha jugado un papel fundamental en la degradación de nuestro territorio. La agricultura intensiva de regadío ha sobreexplotado los acuíferos, agotando las reservas de agua subterránea. El uso masivo de fertilizantes y pesticidas ha contaminado el suelo y los ríos.

La expansión de las infraestructuras y la urbanización han fragmentado los hábitats naturales e impedido que el agua de lluvia se infiltre en la tierra, lo que aumenta la virulencia de las inundaciones.


A esto también se suma el éxodo rural, que ha dejado atrás prácticas tradicionales de gestión del paisaje como el pastoreo y la limpieza del sotobosque. Sin el control natural, la biomasa seca se acumula, creando el combustible perfecto para los incendios que cada verano arrasan miles de hectáreas.

El Cambio Climático: Un Acelerador de la Crisis

Si bien las acciones humanas han sentado las bases para la crisis, el cambio climático,  de origen antropogénico, es el factor que lo está acelerando todo de manera dramática. El calentamiento que estamos experimentando, causado por la emisión de gases de efecto invernadero provenientes de la quema de combustibles fósiles, es de una magnitud y velocidad que no tienen parangón en los ciclos naturales del planeta.

Esto se manifiesta en el aumento de las temperaturas, que intensifica las olas de calor, agrava la sequía y propaga los incendios con una fuerza sin precedentes. Además, los patrones de lluvia se han vuelto erráticos, con sequías prolongadas seguidas de fenómenos torrenciales como las DANAs, que el suelo seco es incapaz de absorber, provocando riadas y un aumento de la desertificación.

Las Consecuencias Humanas: Migración, Xenofobia y la paradoja del desarrollo

Este desequilibrio ambiental tiene consecuencias directas sobre la vida humana. El aumento de las temperaturas y la tropicalización de nuestro clima favorecen la expansión de animales vectores de enfermedades que huyen de las zonas ecuatoriales y tropicales: Mosquitos portadores de malaria, dengue o del virus del Nilo Occidental encuentran ahora en España un hábitat adecuado.


Asimismo, y de forma lógica, los seres humanos también buscan sobrevivir. La migración se ha convertido en una estrategia de adaptación para aquellos que ven sus tierras y medios de vida destruidos por la sequía, las inundaciones, el hambre, añadidos a los daños de la colonización europea.

Sin embargo, la respuesta a esta migración no siempre es racional. Desde la lógica de la supervivencia, la xenofobia no tiene sentido, ya que se esperaría empatía por parte de aquellos que también podrían verse forzados a emigrar o incluso descienden de migrantes de otras épocas. No obstante, la historia nos muestra que la xenofobia es un fenómeno que se alimenta del miedo a la competencia por los recursos, la inseguridad económica y la manipulación política, que a menudo utiliza al extranjero como chivo expiatorio para desviar la atención de los problemas estructurales reales.


Aquí es donde se presenta la gran paradoja: La cultura que los inmigrantes buscan adoptar es la misma que ha causado un modelo de vida basado en el consumo desmedido y la explotación de recursos. Es la misma cultura que, a lo largo de los siglos, ha provocado la deforestación de España y la ha dejado vulnerable al cambio climático. En esencia, los inmigrantes huyen de entornos que se están volviendo inhabitables, situaciones a las que nuestro propio modelo de desarrollo ha contribuido históricamente.

A pesar de todo, se adaptan a nuestras normas y forma de vida, lo que demuestra que su intención principal no es la de desestabilizar o imponer su cultura, sino la de buscar una oportunidad de supervivencia y prosperidad.


El miedo a la inmigración es, en el fondo, una forma de ignorar nuestra propia responsabilidad. La xenofobia desvía la atención de las causas fundamentales (la degradación ambiental y la desigualdad global) y la enfoca en las personas que son las víctimas de estas causas.

El envejecimiento demográfico y la necesidad de la inmigración

Es un hecho que la pirámide de población de muchos países, entre ellos España, se ha invertido progresivamente. Cada vez hay menos nacimientos y una mayor esperanza de vida, lo que provoca que la población adulta en edad laboral se reduzca en proporción a la población mayor.

Este desequilibrio tiene consecuencias importantes para la economía y el bienestar social, y es aquí donde la inmigración surge como un factor de equilibrio.


Las ventajas de la inmigración en un país envejecido son claras y multifacéticas:


Sostenibilidad del Estado de Bienestar: Un sistema de pensiones se basa en que los trabajadores activos coticen para pagar las pensiones de los jubilados. Con una población activa en descenso, la llegada de inmigrantes jóvenes y en edad de trabajar es vital para sostener el sistema. Su contribución a la Seguridad Social y al sistema fiscal ayuda a mantener no solo las pensiones, sino también la sanidad pública y otros servicios sociales.


Dinamismo Económico: La población inmigrante suele tener una mayor tasa de natalidad, lo que revierte la tendencia demográfica a largo plazo. Además, contribuye a la economía no solo como mano de obra, sino también como consumidores y emprendedores, impulsando la demanda y la innovación.


Cobertura de la Demanda Laboral: Existen muchos puestos de trabajo en sectores clave como la agricultura, la construcción o los cuidados que a menudo no son cubiertos por la población local. La inmigración llena estos vacíos, permitiendo que la economía funcione de manera más eficiente y que se desarrollen sectores estratégicos.

Regularidad y no legalidad: El estatus migratorio

Es importante distinguir entre un migrante que se encuentra de forma regular o irregular en un país, en lugar de utilizar términos como «legal» o «ilegal», que pueden sonar despectivos y criminalizan a las personas.

Un migrante regular es aquel que cumple con la normativa establecida por el país de acogida y posee la documentación necesaria para vivir y trabajar. Un migrante irregular es aquel que ha entrado o ha permanecido en el país sin cumplir con esos requisitos, a menudo por razones que no están en su mano.

La normativa es algo que creamos nosotros como sociedad.


Cuando un inmigrante tiene un estatus irregular, se enfrenta a una situación de precariedad extrema, sin acceso a trabajos formales, a servicios de salud completos o a derechos laborales básicos. Esto lo hace vulnerable a la explotación y lo empuja a la economía sumergida, donde no contribuye a la sociedad a través de impuestos o cotizaciones.

Las ventajas de la regularización

Las ventajas de la inmigración son tan evidentes, que la lógica sería su regularización porque trae beneficios directos para todos:


Mayor Contribución Económica: Al obtener un estatus regular, los inmigrantes pueden acceder a trabajos formales. Esto significa que empiezan a pagar impuestos y a cotizar a la Seguridad Social, lo que, como ya se ha mencionado, refuerza el sistema de bienestar social del país. La regularización transforma a los migrantes irregulares en contribuyentes plenos.


Mejora de las Condiciones Laborales: La regularización permite a los inmigrantes ejercer sus derechos laborales, acceder a contratos justos y denunciar abusos, lo que reduce la explotación y la competencia desleal en el mercado de trabajo.


Integración Social y Cohesión: Un inmigrante regularizado tiene más facilidades para integrarse en la sociedad. Puede acceder a servicios de salud y educación, lo que mejora la calidad de vida de todos los ciudadanos y evita la creación de guetos o marginación social.


Seguridad Pública: La regularización facilita la identificación y el registro de las personas, lo que permite a las autoridades tener un mejor control y conocimiento de quiénes viven en el país, lo cual aumenta la seguridad para toda la población.


En última instancia, la regularización de los inmigrantes no es solo una cuestión ética o moral, sino una estrategia inteligente para el desarrollo económico y social a largo plazo de un país. Es un paso necesario para transformar una situación de precariedad en una oportunidad mutua de crecimiento y estabilidad para todos los ciudadanos.

Inmigración y xenofobia: El miedo a lo desconocido en la búsqueda de una vida mejor

La inmigración es un fenómeno complejo que no solo tiene dimensiones económicas y demográficas, sino también culturales. La llegada de personas con diferencias culturales (distintas tradiciones, religiones o formas de vida) a menudo genera miedo y rechazo, lo que conocemos como xenofobia.

Este temor surge de una aversión instintiva a lo desconocido y de la percepción de una amenaza a la identidad cultural del grupo. Sin embargo, este miedo a las diferencias ignora una realidad fundamental: los inmigrantes buscan, en última instancia, adaptarse a nuestra cultura porque aspiran al nivel de vida que hemos generado.

La paradoja: El paraíso material en un mundo en declive

Esta aspiración nos lleva a una paradoja profunda. La cultura que los inmigrantes buscan adoptar es la misma que ha causado un modelo de vida basado en el consumo desmedido y la explotación de recursos. Es la misma cultura que, a lo largo de los siglos, ha provocado la deforestación de España y la ha dejado vulnerable al cambio climático.

En esencia, los inmigrantes huyen de entornos que se están volviendo inhabitables (ya sea por la desertificación, las inundaciones o la violencia derivada de la escasez de recursos), situaciones a las que nuestro propio modelo de desarrollo ha contribuido históricamente.


La conexión es clara: el mismo sistema que creó el confort material en países como España, arrasando con los bosques y acelerando el cambio climático, es el que ahora empuja a las poblaciones de otras regiones a buscar refugio aquí.

Es decir, los inmigrantes son, en muchos casos, los primeros afectados por una crisis ambiental que nosotros hemos creado, y ahora migran a los lugares que se benefician de ese mismo sistema destructivo. A pesar de todo, se adaptan a nuestras normas y forma de vida, lo que demuestra que su intención principal no es la de desestabilizar o imponer su cultura, sino la de buscar una oportunidad de supervivencia y prosperidad.


El miedo a la inmigración es, en el fondo, una forma de ignorar nuestra propia responsabilidad. La xenofobia desvía la atención de las causas fundamentales (la degradación ambiental y la desigualdad global) y la enfoca en las personas que son las víctimas de las mismas.

La regularización, por tanto, no es solo un acto de justicia social, sino un reconocimiento de nuestra interconexión global. Al facilitar que los inmigrantes se integren y contribuyan a nuestra sociedad, no solo ayudamos a sostener nuestro sistema demográfico y económico, sino que también reconocemos que su búsqueda de un mejor futuro está intrínsecamente ligada a las consecuencias de nuestro propio pasado.

HISTORIAS DE MI FAMILIA PATERNA CONTADAS EN LA NOCHE

A estas horas en que debería estar durmiendo me vienen a la mente antiguas historias que contaba mi difunto padre. Historias reales de hace muchos años.

LA PATENTE

En los pueblos de la Mancha había una costumbre. Si un joven se echaba una novia de un pueblo diferente tenía que pagar a los muchachos del pueblo de la chica «la patente» como compensación. Con ese dinero se iban de vinos. Y mi bisabuelo se echó una novia del pueblo de al lado. Iba a visitar andando a su novia y en aquella época siempre se solía llevar una cachaba. A medio camino entre los dos lugares salieron a su encuentro un grupo de jóvenes que le insultaron y pidieron la patente. Mi bisabuelo debía ser un rebelde, no le gustaba que le obligaran a hacer nada y si le hubieran dicho de ir a tomar algo a la bodega bien, pero con mala educación y exigencias no estaba de acuerdo con la costumbre. El pensaba que si le había gustado más a su novia que los casaderos de su propio pueblo era su mérito, no un dinero que dar. Cuando tuvo cerca al grupo de chavales empezó a darles garrotazos gritando «tomad la patente bien calientes». Fue tal su bravura que salieron todos corriendo y le apodaron «el tío Salidando» por los palos que salió dando. Nunca más le dijo nada ninguno del pueblo de al lado y se casó con mi bisabuela sin pagar ninguna patente.

EL ANIMERO

Mi abuelo según decían había nacido con zurrón, algo que hacía especial al bebé que le ocurría. De adulto sabía todos los oficios necesarios para la agricultura y ganadería, desde hacer el mejor queso del pueblo a segar con dos hoces a la vez, una en cada mano, porque era ambidiestro. También era el «animero» del pueblo: Cuando hacía poco de un fallecimiento y la familia tenía algún tipo de problema extraño acudían a el, que se comunicaba con el muerto y si había dejado algo por hacer o quería una misa, lo que fuera que tenía incómodo al finado la familia lo hacía y se acababa el problema. Una vez había un rumor generalizado de que por las noches recorría el pueblo «la fantasma». Era blanca, eso decían los que la habían visto, y nadie salía de noche porque tenían mucho miedo. Mi abuelo se ofreció a solucionarlo. Pensaba que algún cachondo estaba asustando con algún trapo blanco y pensaba llevarle a casa de sus padres cogido de la oreja. Salió de noche, paseó por todas partes hasta que a lo lejos, en el cementerio, vio algo blanco. Y se dirigió a allí sigiloso para pillar por sorpresa a quien fuera. Su sorpresa fue que era un caballo blanco de un vecino. Lo cogió y se lo llevó al corral de su casa. Al día siguiente iba diciendo: No veréis más a la fantasma, está atada en mi corral. Nadie lo entendía hasta que le dijo al dueño: Ven a por tu caballo a mi casa y enciérralo mejor, que todas las noches se te escapa y es la fantasma que asusta a todos.

EL MILAGRO

Había en la casa de mi abuelo un arcón de madera lleno de ropa. Entre la ropa estaba guardada una pistola cargada, antigua, de un solo tiro. Un día en que nadie estaba en la casa se disparó accidentalmente. Se produjo un incendio del contenido, la ropa, y el arcón se quemó entero. Era más que suficiente para que ardiera la casa. Al mirar el contenido del arcón todo estaba carbonizado, excepto el bolsillo entero de una camisa, completamente perfecto, igual que la estampa de la Virgen del Cármen que tenía dentro. Desde entonces ese milagro ha sido de una gran influencia en mi familia, mi padre siempre tuvo un cuadro de esta virgen en la cabecera de la cama.