EL ABUELO SE HA IDO

Tenía una vitalidad desbordante. Hoy se acabó. Hace pocos días colgaba una cinta pequeñita, por el pequeño periquito Lucky, en el árbol de recuerdos de nuestras mascotas del bloguero Jon Ícaro. Lucky se fue con 5 años. No sospechaba que tan pronto tendría que volver para poner la cinta de su marido, el abuelo Vito de 13 años.

A las 00:00h Vito ha partido. Está bello incluso muerto. Hasta hace un par de días piaba y estaba feliz como si fuera jovencito. Ya le llamábamos el abuelo porque soñábamos que iba a estar siempre, eterno. Ningún periquito en mi vida había sobrepasado los 8 años. Pero Vito era diferente, muy fuerte, vital, juguetón.

Cuando estaban juntos Vito y Lucky eran muy diferentes. En aquella jaula llena de periquitos y periquitas de una tienda que ya no existe, Lucky iba detrás de Vito que se dejaba conquistar. Lucky aún no tenía la zona clara alrededor de los ojos que les sale cuando tienen 6 meses. Vito sí, era un poquito más mayor. Lucky era el loquito y Vito el serio.

Cuando a Lucky se le fue su corta vida Vito cambió, como si hubiera recogido el espíritu de Lucky, se hizo más activo, estirando del espejo de su jaula, descolgando un lado de la escalerita, subiendo al columpio. Su juego favorito bajar al comedero, coger un solo grano de mijo, subir al palo y estar un rato dándole vueltas en el pico. Lo repetía y repetía, muchas veces. Por las noches piaba y no dejaba oír la televisión. «Calla, que no oigo la película» decía mirándole, contenta.

Más tarde llegaron los peludos. Aquellas dos cabezas estiraban el cuello para verlos pasando por debajo. Hasta que tuvieron costumbre de ver a los perros sin prestarles atención. A veces me decían por teléfono «¿Estás en tu casa o en la selva?». Son los periquitos, decía yo, y Vito mantuvo el sonido de selva hasta el final.

Hoy ha pasado la parca y se ha llevado su vida. Justo a las 00:00h de este 9 de octubre, día de la Comunidad Valenciana, el abuelo valenciano, luchando, como el era, dejó de respirar. Es el día de la típica «mocaorá» de San Dionis, que se regala a la amada, costumbre valenciana que consiste en mazapanes con forma de frutas, el tronaor y la piuleta, envueltos en un pañuelo para el cuello.

Este año no hay mocaorá, hay que salir a enterrar al abuelo Vito. No quiero ir a dormir, porque su pequeño cuerpo está en el salón y mirarle, velarle, me aparece. Que menos después de todo lo que nos ha dado en tantos años. Última noche para agradecerle haber sido tan bueno.

El abuelo se ha ido… es inevitable sentir tanta pena. Aunque el vuela libre en algún sitio, con su querido Lucky, porque hacía 8 años que no se rascaban las cabezas y se daban besitos. Mis dos machitos ya continúan su amor, es lo que quiero creer porque es lo que merecen.

A las 12:30h le hemos enterrado. En la tierra; sobre el 5 pequeñas piedras y apoyada encima una cruz con dos palitos de matorral, sin atar tumbada en un equilibrio mínimo. Se la llevará la primera ráfaga de viento que haya, frágil como somos todos, al borde de perder nuestro propio equilibrio. Adiós, mi niño.

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